Salimos
de la juguetería y vemos un arco que une las naves y almacenes de
juguetes y cuchillerí. Había una gran grúa, de gran tonelaje, para
la descarga de maquinaria y cajas de acero forradas de chapa, para el
material de los cuchillos, navajas, etc.
Encima
de esta grúa había un pasillo para pasar de una nave a la otra. Muy
cerca de aquí estaba la central eléctrica de la fábrica,
custodiada por Alberty Kook.
Pasamos
al almacén de materias primas, muy bien dirigido por Juan de Dios
Payá, y cuyo encargado general era Valeriano Gisbert padre.
Hay
que hacer constar que, cuando nosotros narramos estos
acontecimientos, en Ibi no existía ningún almacén particular de
materias primas, ni existían fábricas de suministro, como cajas de
cartón, chapa, plástico, etc. Es decir, dentro de la fábrica Payá
tenían que tener todo el material para hacer la matricería y
fabricar todo lo que ellos querían.
Valeriano
Gisbert, hijo, estaba encargado de todo tipo de herramientas, aceros
y el corte de los mismos para la creación de moldes y matrices.
Dentro del almacén de Valeriano había cualquier material que se te
pueda quedar en la imaginación. Había de todo, por lo que si hacía
falta algo, con el respectivo vale que te hacía el encargado de tu
sección, ibas al almacén y Valeriano, o el Tío Ramón Makila, te
lo daba gustosamente.
Ahora
pasamos a la sección brigada de choque, de la cual era responsable
el Tío Masogo, con sus almacenes de todo tipo de ácidos, como
salfumán, y grasas para engrasar maquinarias. Era también
responsable de las chatarras, recuperaciones y de la báscula para
pesar camiones.
Hay
que decir que, en esa época, se trabajaba de lunes a sábado por la
tarde, por lo que, al lado de la serrería, había una sección de
duchas para mujeres y hombres, las cuales tenían agua caliente y
fria. El encargado de calentar el agua era el Roch, campanero de la
iglesia,. Muchos en nuestar casa no teníamos agua potable, y menos
caliente,por lo que íbamos a ducharnos allí.
Debido
al personal que venía a trabajar de Tibi o Castalla, que venían con
el autobús La Paloma, con bici o con motocicleta, enfrente de la
fábrica se construyó un comedor con agua y fuego para calentar las
comidas. También aseos, mesas, sillas, etc. Al lado del comedor se
construyó un economato laboral para que las mercancías salieran más
baratas para el trabajador, siendo los responsables Matías Guilló y
Rosalía Gisbert.
Payá
montó una fábrica en Alicante para el juguete de chica, cuyo
director era Ismael Payá, el Chino, dicho así por el rasgo de sus
ojos. Allí se fabricaron todo tipo de cocinas, y cacharros para las
mismas, lavadoras, neveras, hornos, el Palomitón Payá, etc.
Tengo
que decir que los hijos de los fundadores, Pascual, Vicente, Emilio y
herederos de ellos, supieron llevar con gran sapiencia las fábricas
para su triunfo, mientras ellos estuvieron al mando. Daba gusto ver
salir del trabajo, por la Calle Santa Rita, a los seiscientos
trabajadores.
Ahora
una reseña de Nicolás Payá Jover, verdadero artífice de la
Escuela de Aprendices de Payá Hermanos, la cual montó para
fabricarse sus propio empleados y fresadores, cepilladores,
matriceros, ajustadores, copiadores, delineantes, etc. Él nos enseñó
un oficio totalmente gratis.
Este
señor, ingeniero industrial, hecho en la Universidad de Madrid,
tenía otros compañeros, también ingenieros como él, en la fábrica
Marconi de Madrid y en la Comercial Marítimo Terrestre de Barcelona,
y les preguntaba a ellos de como se proveían de trabajadores
especializados. Ellos le dijeron que creando una Escuela de Formación
profesional.
Así
que, ni corto ni perezoso, y discutiendo con sus hermanos y primos
que pusieron obstáculos, empezó su andadura montando la escuela con
cuatro cursos de día de aprendizaje, y cuatro cursos de noche de
preaprendizaje. Ir a estudiar era totalmente gratis, de libros,
libretas, lápices, plumas, compases, regla y todos los materiales.
Además,
por ir a su clase, cobrábamos. Es decir, en primero, 0,25 pesetas al
día; en segundo, 0,50 pesetas; en tercero, 0,75 pesetas; y en
cuarto, 1 peseta al día, es decir, 7 pesetas a la semana, las cuales
cobrábamos todos los sábados. Esto era cuando estábamos en el
taller de pinches y cobrábamos 70 pesetas a la semana.
Llegó
un momento en el cual dijimos: “¿Por que no dejábamos esas 7
pesetas en depósito, ya que pasado el tiempo podíamos hacer un
viaje?” Y así lo hicimos. Fuimos una vez a Madrid en 1962 y otra a
Barcelona en 1963, visitando fábricas en las cuales estaban sus
compañeros los ingenieros. La fábrica pagaba lo que faltaba de los
viajes.
Nosotros,
los alumnos y exalumnos, tendríamos agradecimiento siempre a D.
Nicolás Payá y, el día 6 de diciembre de cada año, día de su
santo, íbamos a felicitarle a su casa después de la jornada, y le
regalábamos el libro de los Premios Nobel de ese año. Él, todos
los años, en aquella época de la posguerra, nos preparaba un ágape.
Aquellos nos sabía a gloria, pues habían todo tipo de dulces y
manjares de Jijona.
Gracias
a que nos enseñó un oficio totalmente gratis, nosotros pudimos
montar nuestra propia fábrica, por ejemplo las mía, Juguetes Mira,
que fundamos J.A. Mira y Francisco Mira.
Reseñar
que, en aquella época, el noventa por ciento de las empresas que se
crearon en Ibi, estaban iniciadas por por mecánicos y delineantes
creados en esta Escuela de Aprendices de Payá Hermanos.
Y,
por último, a Nicolás Payá necesita que se le haga un monumento
por la creación de la Escuela y enseñarnos a todos un oficio gratis
y cobrando nosotros. Fue una persona adelantada a su tiempo. Lo que
nosotros estudiábamos en la Escuela, era como el bachillerato.
Yo
estoy de acuerdo que la juguetería cerrara por competencia o por
cualquier otro motivo, pero la cuchillería, como yo le decía a
Artemio Payá, hijo, no se como ha podido cerrar, y él me contestó:
“Ni yo tampoco”. Cuando en Albacete solo hacían el tipo de
navaja Albaceteña, tipo andaluz, en Ibi se fabricaban cortaplumas,
multiusos, y de todo tipo inimaginable de navajas, ¿por qué cerró
la cuchillería?
Artemio
Payá, padre, fue el verdadero creador y maestro en cuchillería.
Esto
que he escrito de la Fábrica Payá, es de los años en los que yo
trabajaba allí, es decir, desde 1958 a 1968, y que yo me salí de la
fábrica y me puse a trabajar por cuenta propia.
En
la Escuela de Aprendices de Payá Hermanos S.A., los profesores eran
los siguientes: por el día, D. José Carbonell; por la noche, D.
Francisco Rico y D. José Monllor; y los maestros de prácticas de
taller, Alejandro Moltó, el Tío Inflaglobos, y Fernando Navarro, el
Tío Colasero.
He
hecho este pequeño resumen y no he podido poner el nombre de los 600
trabajadores que estábamos allí y, por supuesto, me he dejado
muchas cosas en el tintero, pero os pido me perdonéis, pues esto es
un pequeño recordatorio de lo que fue la empresa Payá Hermanos S.
A., a la cual yo no puedo olvidar mientras viva, pues fue la que me
inculcó lo poco que yo he aprendido. Muchas gracias, Payá.
Francisco
José Mira Brotons.
FUENTES
Archivo
Municipal de Ibi.