martes, 24 de febrero de 2026

CALLIZO DE LA ESCUELA


 

ANTIGUAS CALLES DE IBI:

CALLIZO DE LA ESCUELA



El origen de este callejón estaba en el forat que en una tapia se utilizaba por los vecinos para tener acceso a los llamados Llavadoret de los Huertos y Baseta de la Foia. El 3 de julio de 1607 el Vicario General dio facultad al Consell para abrir un callejón per lo fosar por acceder a dicho lavadero y balsa.

Se pretendía, con esta apertura, facilitar dicha entrada, pues este espacio había sido declarado público el 28 de febrero de 1592, por las autoridades municipales: En la baseta de la Foia que puguen llavar los qui voldrán en los llavadors que fará la Vila a utilitat del comú y sense perjudi de la viuda de Melchor Brotons, com dita baseta estiga part en ampli de la Vila, y si a la viuda se li fa perjui, que se li pague.

En el año 1784 este callejón aparece denominado, por primera vez, como Callizo de la Escuela, por estar situado, bajando desde la Calle de las Eras, entre la Casa Abadía y la entonces Casa de Enseñanza, edificio de una planta dedicado a la educación de las niñas.

En 1844, con el objeto de adecentar la Calle de las Eras, el ayuntamiento ordena en este año el cerramiento del boquete o callejón que da entrada a los huertos y balsita denominada de la Foia con una tapia entre la Casa Abadía y la Casa de la Enseñanza. Décadas más tarde se levantará el edificio municipal (en la imagen), de usos polivalentes a lo largo de los años, que ocupa ese espacio.



FUENTES

Archivo Histórico Municipal de Ibi.

sábado, 21 de febrero de 2026

PROTESTA VECINAL POR UN MÉDICO EN 1854


 

En el año 1854, Ibi se vio afectada por una epidemia de cólera morbo, por lo que las autoridades decidieron reforzar la atención médica de la Villa, incorporando un nuevo facultativo para estar preparados por si la enfermedad, que ya había causado en nuestra población 32 fallecimientos, se volvía más virulenta.

El 7 de diciembre se reúne la Corporación, dando cuenta D. Vicente Jover, Primer Teniente Alcalde, de la gestión realizada por el Ayuntamiento en los meses de epidemia y sobre la contratación de un nuevo médico y sus condiciones económicas:

A consecuencia de haberse declarado en esta Villa el terrible azote del cólera morbo, siendo regente de la jurisdicción el que habla por ausencia del sr. Alcalde, como es bien sabido de todos los concejales, su único y exclusivo cuidado se dirigió en aquellos momentos a proporcionar todos los medios que su celo le sugirió en beneficio de la población haciendo menos sensibles los efectos de la calamidad que les afligían, y entre otros, le dio preferencia a la contrata de un segundo facultativo en el arte de curar, que además del titular, pudiese visitar a los vecinos que fuesen invadidos de la enfermedad, bien por si estas se extendían con la rapidez que en otros pueblos, bien por si este último se viese acometido de algunas dolencias que le privara de ejercer su ministerio.

Efectivamente así se puso en ejecución con general aplauso de todo el vecindario, aprovechando la oportunidad de hallarse presente en esta Villa en aquellas circunstancias Don Fernando Mengual, Médico y Cirujano, quien mostrado que hubo sido para el servicio de que se trata aceptó el cometido, prometiendo respetarlo bien y fielmente como lo ha ejecutado con asiduidad, y al que por recompensa de sus trabajos, se le ofrecieron pasada la calamidad, cuatro mil reales, pagaderos en una sola porción, y los cuales deberán salir, tres mil del Fondo Municipal por haberse consignado en la primera adicción al Presupuesto de este año, y los mil restantes del fondo de suscripción abierto entre el vecindario para las urgencias del Cólera.

Pero el hecho de que parte del sueldo del nuevo galeno de la población saliese de la aportación voluntaria echa por los vecinos para asistir las urgencias del cólera, hizo que estos estuvieran muy vigilantes sobre la actitud y el proceder del nuevo doctor con los enfermos. Y parece que no fue nada satisfactoria dicha actuación, siendo creciente el malestar en la población por su proceder interesado y poco caritativo.

Así las cosas, el día 11 de enero de 1855, recibe el alcalde una carta, firmada por ocho vecinos de Ibi, en la que le informan del descontento de la población con el médico de apoyo contratado por las autoridades. En ella le manifiestan las actitudes, sobre todo económicas, por las que provoca el rechazo de la población, advirtiendo del desafecto vecinal que se podría producir hacia otra posible aportación voluntaria solicitada. Dicha carta, que reproducimos en su integridad, no consta que tuviera respuesta por parte del ayuntamiento, aunque ante la mejora de la situación sanitaria, es posible que ya no se procediese a renovar el contrato al polémico facultativo.

Los que suscriben, vecinos de esta Villa, a Usted, con el debido respeto exponen: Que cuando esta población amenazaba ser invadida por el cólera morbo, dispuso la Junta de Sanidad se hiciese una suscripción voluntaria para socorrer a los pobres en el caso de desarrollarse tan terrible azote, exigiéndose además, por orden de la autoridad local, cuatro reales por cada vecino que no concurriera a las líneas del cordón establecido. A todo contribuyeron los exponentes sin dudar de la buena inversión de lo recaudado, más como afortunadamente el mal no se desarrolló, y hasta la fecha ni la autoridad local, ni la Junta de Sanidad han manifestado la inversión de las referidas cantidades, teniendo entendido que de estos fondos se ha dado una suma considerable arbitraria al Facultativo D. Fernando Mengual, sin que los otros dos, Martínez y Tortosa, que prestaron iguales servicios y en los mismos términos que él, hayan recibido cosa alguna, siendo así que el Mengual ha exigido a todos los que ha visitado, sus honorarios; y dando margen esta arbitrariedad a que si por desgracia ocurriese otro caso igual, todos se retraigan de hacer donativo alguno. A Usted suplican humildemente se digne tomar en consideración lo expuesto, y que como es justo se haga pública la inversión de las cantidades mencionadas. Gracia que no dudan obtener de su recto proceder de Ustedes, cuya vida guarde el Cielo muchos años.


FUENTES

Archivo Histórico Municipal de Ibi.

viernes, 20 de febrero de 2026

CARRER DE LA SABONERÍA


 

ANTIGUAS CALLES DE IBI:

CARRER DE LA SABONERÍA



En el año 1531 aparece en un documento una referencia a la sabonería de Joan Lezcano establida en les set arcades de casa sua que están a la part del riu, instalación dedicada a la fabricación de jabón. Por su emisión de olores molestos y la necesidad de un suministro continuo de agua, se instaló un tanto apartada de la población y junto al río, dando origen y nombre a esta calle en la que se encontraba situada. Pero el llamado Carrer de la Sabonería no constará, con esta denominación por primera vez, hasta el año 1552. Este edificio con arcos es, muy probablemente, el que está al lado del rio en el grabado de Cavanilles de 1784.

Esta denominación de la calle seguirá apareciendo en diferentes documentos hasta el año 1696, aunque en el año 1650 ya consta por primera vez como Carrer Conill, nombre con el que seguirá denominada durante muchos años hasta que, en el Libro Padrón, o De Justiprecios, del año 1784, y en posteriores censos, constará como Calle de Conejos. Como curiosidad comentar que en el del año 1860 se domicilia, en el nº 12 de esta calle, el primer Cuartel de la Guardia Civil, donde permanecerá hasta el año 1867 en que pasa al número 1 de la Plaza de la Iglesia.

Pero en 1905, las autoridades municipales deciden renombrar esta calle con el título de Calle de Cervantes. Y este cambio, como es bien conocido por muchos, dará origen a un cuento, leyenda o sucedido, cuya veracidad no se puede comprobar, pero que siempre se la hemos oído relatar a los más mayores como cierta, y que aprovecho la ocasión para darla a conocer o recordar, en la versión que de siempre me contaron.

Había a principios del siglo XX unos senyorets que pasaban el verano en su casa de Ibi, como hacían varias familias burguesas de la época, en busca de un clima menos caluroso. Estos veraneantes se abastecían de productos locales, que encargaban a vecinos de Ibi con huertos y corrales. Uno de estos ibenses recibió un encargo de uno de estos senyorets. Su mujer quería comer arros en conill, por lo que le pidió que le llevara un conejo para que su cocinera se lo preparase. El vecino en cuestión, llegado el día, le dio un conejo a su hija con el encargo de que lo llevase a la casa del senyoret peticionario.

Esta chica sabía leer y escribir pero, como casi toda la gente de aquella época, tenía el valenciano como su idioma habitual, y casi exclusivo. Conocía a la familia del encargo y quería entregar personalmente el conejo a la señora para ver si así aquella le daba una pequeña propina. Recordó que la familia era castellano hablante, pero ella no recordaba, o no sabía, como se decía conill en castellano, por lo que, ingeniosa ella, pensó que las calles estaban rotuladas en castellano, y que había una calle a la que todos llamaban conill. Allí se dirigió para leer la placa de dicha calle y poder hacer la deseada traducción. Acto seguido se dirigió presta a llevar el encargo al domicilio en cuestión, segura de que iba a quedar como una ilustrada bilingüe ante la señora, a la que solicitó ver al llegar a la casa. Una vez ante ella, ufana y con voz segura, le dijo: “Señora, aquí le traigo el cervantes que encargó”. Desde entonces en Ibi, a los conejos se les suele apodar como cervantes.

Finalmente, en el año 1985, dentro de la corriente recuperadora de los nombres populares de las calles, pasa a denominarse como Carrer Conill, aunque en la actualidad ninguna placa así lo indique.



FUENTES

Archivo Histórico Municipal de Ibi.

jueves, 19 de febrero de 2026

TURISTAS EN IBI EN 1677


 

En el siglo XVII, al igual que en otras épocas, las epidemias de diversas enfermedades, causaron muertes y temor entre la población. La falta de higiene, conocimientos médicos y atenciones sanitarias, hacían que las enfermedades se propagasen con mucha facilidad, convirtiéndose de forma habitual en mortales epidemias. La prevención más habitual adoptada por las autoridades locales, era el aislamiento de las poblaciones y las cuarentenas.

Una de esas epidemias, de las más mortales de aquel siglo, fue la peste bubónica, declarada en 1647, manifestándose los primeros casos en la ciudad de Valencia en aquel verano. Se cree que la peste llegó a través de un cargamento de mercancías procedente de Argel. A finales de junio ya había muerto mucha gente, y en septiembre las autoridades municipales toman las primeras medidas, prohibiendo el comercio con el exterior y situando vigilancia en todas las puertas de la ciudad, así como obligando a poner en cuarentena a todos los que quisieran entrar en ella.

Las autoridades de Ibi, alarmadas por los casos que se iban manifestando en diferentes comarcas cercanas, ordenaron las mismas medidas preventivas, cerrando la población y poniendo en cuarentena, en casas de campo alejadas de la población, a los visitantes y forasteros, o ibenses, que venían de lugares afectados por la peste y eran sospechosos de estar infectados por la enfermedad.

En el Consell celebrado el 22 de octubre de 1647 se acuerda que tots los que vingan de Valencia estigan en trenta dies allí aon esta Valero Jover, a la Doncella, y que sels lleve recapte, y que els que els lleve recapte no puga parlar amb ells a menys de sent pasos.

El 10 de noviembre se vuelve a reunir el Consell y comunica que an sabut que el frare de la viuda na Molina esta malalt y no saben de on es vingut, determinen que vaja la viuda na Molina amb tota la cassa a la seua heretat de les Foyes Blanques.

El día 4 de marzo de 1648, en otra sesión del Consell se dice que la casa de Juan Perez per ara que no sobriga y que la roba que es de servissi ques creme. Y el 2 de mayo del mismo año determinan que los que fan la quarentena en Biscoy y en els Argamells que vaya lo doctor y el jurat y els vissite y si estan per a entrar, assí que no entren roba.

Lo expuesto nos sitúa en el ambiente que se vivía en Ibi cada vez que se declaraban epidemias en la comarca, y nos muestra las medidas preventivas tomadas por las autoridades de entonces. Como hemos visto, una vez las personas superaban la cuarentena, y el doctor determinaba que podían entrar en Ibi, se les obligaba a hacerlo sin equipajes ni ropas que pudieran transmitir contagios.

Ubicados en las circunstancias habituales de la época, pasemos a conocer una curiosa carta, recibida por nuestras autoridades en junio de 1677. En esos días Ibi estaba aislada por motivo de otra de las muchas epidemias, y los que querían entrar en esta población debían someterse a cuarentena. Pero había unos forasteros con mucho interés en venir a nuestra población en aquella fecha. De dicha misiva informan las autoridades al Consell para su resolución. En el acta de dicha sesión (en la imagen) leemos:

Fon proposat per lo jurat primer dient que Diego Picó de la ciutat de Alacant, ab tota sa casa juntament en altres, vol venir este estiu a la present Vila de Ibi a posentar per les calors que y a en la ciutat de Alacant, (...) per a que li fera lo que més convinga en esto, si los dexan entrar o no, encara que Alacant está sana de mal, e per la major part del Consell fon determinat de que Diego Picó ab sa casa entre a la present Vila en esta forma, que no puga dur roba ninguna més de la que es menester per a son servissi, ques malalafs y llansols y roba de servissi per a mudarse y no més.

Más allá de las condiciones de entrada en la Villa que le impone el Consell por la cuarentena vigente, lo que más nos sorprende de esta noticia es que en el año 1677 ya habían gentes de otras poblaciones, de Alicante en este caso, que deseaban pasar en Ibi los meses de verano per les calors que y a en la ciutat de Alacant, buscando en nuestro pueblo temperaturas más frescas y agradables. No sabemos si Diego Picó y su familia fueron pioneros en esto de pasar los veranos en Ibi (que hasta mediados del siglo XX fue algo habitual en algunas familias pudientes de poblaciones como Valencia, Alicante, Orihuela...), o era costumbre ya en la época. Lo que si que podemos decir es que fueron los primeros turistas o veraneantes en nuestro pueblo de los que hay constancia.



FUENTES

Archivo Histórico Municipal de Ibi. LIDIA SANCHO.

martes, 17 de febrero de 2026

CALLE DE LA DEVESA


 

ANTIGUAS CALLES DE IBI:

CALLE DE LA DEVESA



Con esta denominación aparece esta calle a mitad del siglo XVIII, cuando en un documento se habla del Horno del Piñater, situado en este lugar. Recibía este nombre por seguir el trazado del camino que se dirigía hacia este paraje ibense. De hecho, si lo prolongamos en un plano, este es otro de los radiales que partían desde la misma Plaza de la Iglesia.

En el Libro Padrón, o De Justiprecios, elaborado en el año 1784, ya aparecerá como Calle de San José, en donde se detalla que solo tiene construidas cinco casas en su parte derecha. Seguidamente a ellas, así como al otro lado de la calle, eras, bancales y un pozo de nieve, el que había en el patio del actual Colegio Cervantes.

Mantiene ese nombre tradicional por casi ciento cincuenta años, cambiando a Calle de Manuel Iborra Pérez en 1931. De nuevo, en 1947, recuperará su nombre anterior y tradicional de Calle de San José.



FUENTES

Archivo Histórico Municipal de Ibi.

domingo, 15 de febrero de 2026

APODOS Y OFICIOS IBENSES EN 1784


 

En el año 1784 se realiza, como ya hemos visto varias veces, el Libro Padrón, o De Justiprecios, un censo de todas las propiedades, rústicas y urbanas, de los habitantes de Ibi. En él aparecen los propietarios, con su nombre, primer apellido y el nombre del padre, de su oficio o de un apodo que lo identificaba (cada vecino o familia tendría el suyo), incluso, a nivel oficial como si fuese el segundo apellido del vecino en cuestión.

Este método identificativo nos da a entender que todos los vecinos se conocían, y con el dato aportado en segundo lugar, quedaba sobradamente identificado el ibense.

En el listado de vecinos propietarios se omiten los que eran identificados con el nombre de su padre y solo constan los que eran conocidos por su oficio y por su apodo que, es de suponer, era el familiar heredado, aunque en algún caso fuesen ellos los iniciadores.

Ambrosio Verdú Carpintero.

Francisco Coloma El siego.

Francisco Brotons El Rojo.

Francisco Moltó Cirujano.

Francisco Rico Del Llavadoret.

Francisco Verdú Piñol.

Francisco Cortés Saxgaxo.

Francisco Morant Del Retoret.

Gerónimo Jover Tempesta.

Gaspar Brotons Pexantón.

José Cortés Saxgaxo.

José Coloma De José El Rojo.

José Jover Niño.

José Guillem Palloc.

Juan García Contramina.

José Pina Sastre.

Josefa Martínez Claxg.

José Cortés Polido.

José Bernabeu De Aoxt.

José Verdú Campana.

José Juan Barretota.

José Bornay Texedor.

José Picó Del Frare.

José Jover Cabanes.

José Guillem Ventero.

José Picó Sastre.

José Cortés Redó.

Joaquín Soriano Albañil.

Joaquín Jover Pinatero.

José Blanes Pequeño.

José verdú Piñol.

José Valero Malalt.

José Coloma Barretota.

José Blanes Mozo.

Luis Verdú Albañil.

Miguel Juan De Campos.

Nicolás Jover Piñater.

Pascual Jover Sastre.

Pascual Guillem Calaino.

Pascual García Saxba.

Tomás Jover Niño.

Tomás Picó Cabrús.

Tomás Jover Del molí.

Vicente Guillem Del Hort.

Vicente Guillem Carpintero.

Vicente Jover Del Maestro.

Vicente Jover Herrero.

Vicente Martínez De la Hermita.

Vicente Pérez Molinero.

Vicente Bernabeu Torroner.

Vicente García De Botichol.

Vicente Bernabeu Del Port.

Vicente Jover Piñó.

D. José Jover Médico.

Joaquín Brotons Pirantoni.

Matías Jover Sargento.

FUENTES

Archivo Histórico Municipal de Ibi.

sábado, 14 de febrero de 2026

CARRER DE LES PARRES


 

ANTIGUAS CALLES DE IBI:

CARRER DE LES PARRES



En 1586 aparece en documentos, por primera vez, el llamado Carrer de les Parres, uno de los más antiguos de Ibi, al encontrarse entre los primigenios de la población. Su nombre vendría dado por la presencia en alguna de sus partes, como todavía ocurre en la actualidad, de huertos y parras. Con este nombre continuó apareciendo hasta el año 1644.

En 1697 la encontramos denominada como Calle del Hospital, aunque el hospital parece que llevaba construido allí desde casi cien años atrás. Se trataba del llamado Hospital de Santo Tomás, un establecimiento municipal destinado a la atención, tanto sanitaria como asistencial, de pobres y transeúntes. Había sido mudado allí desde un edificio que ocupaba el lugar en el que hoy está edificada la Casa Abadía. Este hospital, en 1855 estaba ya derruido, habiéndose trasladado sus servicios, como ya vimos, a un edificio de la Calle de la Beneficencia. En el solar que ocupó se edificaría, años después, el Teatro Flora.

En el Libro Padrón, o De Justiprecios, elaborado en el año 1784, sigue apareciendo como Calle del Hospital, pasando en 1831 a denominarse Calle de la Trinidad.

En el año 1859 se promulga en toda España la Ley del Nomenclator, que ya vimos. Como consecuencia y aplicación de esta ley, en Ibi se renombraron algunas calles en el total de ella o en uno de sus tramos, como en la que nos ocupa. Hasta entonces los tres segmentos de la calle, contaban con la misma denominación pero, a partir de ese año, el tramo que salia desde la Plaza de la Iglesia pasa a ser el inicio del Callejón de Alcoy, actual Carrer de Vicente Pascual, existente ya desde 1784.

Los otros dos tramos siguieron con su denominación hasta el año 1932, en que pasan a llamarse Calle de Francisco Ferrer i Guardia, volviendo en 1947 a su nombre anterior. En el año 1964, el tramo junto a la Casa Gran se separa y pasa a ser Calle de Aurora Pérez Caballero, conservando el nombre de Calle de la Trinidad el primero de ellos.

Como curiosidad, aunque es bien sabido gracias a la famosa foto que acompaña este artículo, en esta calle estuvo ubicado, desde finales del siglo XIX, el cuartel de la Guardia Civil.



FUENTES

Archivo Histórico Municipal de Ibi.

CALLEJERO IBENSE. Luis Satoca Ricart.

elblogdeibi.blogspot.com

jueves, 12 de febrero de 2026

LA ERMITA DE SAN ANTONIO ABAD


 

Desde tiempos muy antiguos, el patronazgo de los animales, especialmente de domésticos y ganados, además de las gentes que trabajan en el campo, ha estado a cargo de San Antonio Abad, santo que vivió en Egipto en el siglo III. Esta figura religiosa gozó de gran predicamento en tiempos pasados en nuestra población, aunque en la actualidad no quede altar, capilla o ermita a él dedicada.

En Ibi, además del altar de San Antonio Abad y San Antonio de Padua en la ermita de San Vicente, o el de San Antonio en la ermita de Santa Lucía, como ya vimos, también hubo una ermita dedicada a este santo, llamado popularmente Sant Antoni del porquet.

La ausencia de restos de esta ermita en la actualidad, ha creado confusión respecto de su ubicación. Autores la han identificado con la de Santa Lucía o la de San Vicente, por haber habido en ellas capillas o altares a él dedicadas pero, como veremos, no corresponde a ninguna de ellas. También ha creado confusión el hecho de que, por aquellos años, se edificara otra en la partida de Biscoi, dedicada a San Antonio de Padua y San Juan Bautista. Veamos el origen de la que nos ocupa.

El 17 de enero de 1657 el Consell designa a cuatro vecinos de Ibi para que se encarguen de la obra de dita ermita per a que recaben per a fer aquella en la costera de la bassa, allà on millor los pareixerà a dits quatre proms se fassa y estiga bé aquella y que donen conte en carres y descarres de lo que recabaran y hestaran en dita hobra de dita ermita fins tant ab tot effecte estiga feta y aperfisionada aquella. Es decir, se habrían de encargar estos cuatro hombres de dirigir todo el proceso, desde la elección del lugar más idóneo para hacer la edificación, hasta la recepción de la obra terminada.

El día 21 del mismo mes, el Consell solicita licencia para la edificación de la ermita a las autoridades eclesiásticas. Estas responden el día 31 de enero con el siguiente escrito (en la imagen):

(…) damos licencia al Síndico de Ibi para que pueda fabricar y fabrique una Ermita en el término de dicha Villa de Ibi, lo escribo a favor de San Antonio Abad y San Antonio de Padua (es habitual que ambas advocaciones compartan altar), con tal que en estando fabricada vengan a dar razón y pedir licencia para que se despache comisión a alguno de los Rectores de nuestro Arzobispado para que examine y mire si está con todo servicio y ornato que fuere necesario. Dado en el Palacio Arzobispal de Valencia en treinta y uno de enero del año de Nuestro Señor Jesucristo mil seiscientos cincuenta y siete. Firmado por el Vicario General Atanasio Marhuenda.

El 3 de abril de ese año quedo determinado, por los cuatro vecinos a los que se les encomendó la construcción de la ermita, el lugar donde se iba a edificar: en lo alt de la costera de la bassa.

La fecha de la edificación de esta ermita, 1657, descarta por completo que todo lo visto hasta ahora haga referencia a la de Santa Lucía o a la de San Vicente como a veces se ha supuesto, pues estaban ambas ya edificadas en 1578. Además, el hecho de que aparezca ubicado el lugar de su construcción, nos la sitúa con bastante exactitud, aunque esto también ha desorientado a algún autor al situar de manera errónea dicho lugar, en lo que hoy sería el camino de la subida al lavadero o en el que zigzaguea hasta Cuatro Vientos.

La Costera de la Bassa es el nombre que recibe, corroborado por Cavanilles y diversas cartografías, la loma existente entre el Barranc del Molins y el Barranc dels Cirers. Por ella sube el llamado Azagador Real, una vía pecuaria que, viniendo desde Jijona, circunvalaba por el este el casco urbano de Ibi, aunque en la actualidad este tramo este integrado en algunas calles. Hacia la altura de Santa María, desciende hasta el Barranc dels Molins, lugar donde abrevarían y descansarían los animales, siguiendo hasta el Planet de València, bifurcándose allí hacia el oeste y hacia el norte.

La ubicación pues allí de la ermita, del santo protector de ganados, estaría más que justificada, por ser lugar de paso habitual de estos animales. De hecho, en poblaciones de nuestro entorno como Alcoy, Muro, Jijona… las ermitas dedicadas a San Antonio Abad se sitúan junto a cañadas, azagadores y cruces de caminos frecuentados por ganados locales y trashumantes.



FUENTES

Archivo Histórico Municipal de Ibi.

Archivo Histórico Parroquial de Ibi.

IBI, DE LLOC A VILA REIAL. Antonio Castelló.