La
historia que vamos a conocer sucedió a comienzos del siglo XVIII. El
llamado Misteri,
que se celebra en Elche
desde finales del siglo XV, ya
era ocasión de encuentro
para gentes
de muchos
lugares
y pueblos.
Debía ser habitual que
vecinos de Ibi, sobre todo de las clases más pudientes, se
desplazasen a Elche en sus jornadas
de fiestas patronales.
El
protagonista involuntario del
singular acontecimiento que relatamos, fue
Antonio Jover Jover.
Este ibense,
antepasado directo de quien
esto escribe, había
nacido en el año 1704
fruto del
matrimonio formado en
1703 por
Gabriel Jover Cortés
y Usola Jover Castelló,
descendientes ambos de
familias de Jijona llegadas
a Ibi a principios del
siglo XVI.
Antonio,
en el verano
de 1727, se desplazó a
Elche para presenciar el Misteri.
No sabemos si era espectador habitual,
si era
la primera vez
en la que acudía a presenciarlo, ni
si fue solo, con familia o amigos.
El caso es que, al
menos el viernes
15 de agosto, día
de la Festa,
el ibense acudió
a Santa María. Las
representaciones, al igual que hoy
en día, contaban con gran
afluencia de público, incluso mayor que la actual,
ocupándose
espacios que ahora
están vetados al público por seguridad.
Se
ubicó en la cornisa volada
que, a una altura de
quince metros, recorre
toda la parte superior del templo. Allí, además, subió para
sentarse en una ventana
ciega que se sitúa a
casi dos
metros sobre dicha
cornisa. Desde ese privilegiado lugar presenció la Festa,
concluyendo esta
con la ascensión del Araceli.
Antonio en ese momento,
salta desde su ubicación
en la ventana para volver a la cornisa pero, el peso del cuerpo le
vence, le hace perder el equilibrio, y se precipita hacia el suelo.
Los
diecisiete metros de caída se ven en
cierta medida amortiguados
por dos espectadores
sobre los que se desploma
Antonio, aunque
esto no evita el gran
impacto del ibense contra
el suelo. Desde
el lugar del accidente,
dada la gravedad de los
tres hombres,
doloridos,
magullados y
ensangrentados, sobre todo Antonio,
fueron llevados
con urgencia al Hospital
de la
Caridad de Elche.
A
los tres se les administró
la Extrema Unción en el templo, y el Viático en el hospital, pues
el pronóstico no era
nada favorable a que
sobrevivieran, encontrándose
en un estado próximo
a la
defunción.
Allí
permanecieron internados
durante varios días. Las
dos personas
sobre los que cayó el
ibense, Francisco
Altavas, de Cantavieja, y Bautista Planelles, de San Juan de
Alicante, a los ocho días fueron dados de alta, yendo
esa misma
jornada
a Santa María a dar gracias por su recuperación.
Antonio
Jover, contra el
pronóstico de los médicos, también
fue evolucionando favorablemente
de sus heridas, por
lo que el día 29
abandonó el hospital sin
que le quedasen
secuelas. Este hecho fue considerado por
toda la población como un
milagro de la Virgen, pues,
aunque la caída pudo
haber sido
mortal, Antonio sobrevivió.
Como
habían hecho los anteriores, lo primero que hizo al
ser dado de alta, fue ir
a la Basílica
de Santa María a
dar públicamente las gracias a la que consideraba su bienhechora,
la Virgen de la Asunción. Y
no es de extrañar, incluso
viéndolo con los ojos de hoy, que
el hecho causase entre
ilicitanos y visitantes
gran admiración, despertase
el fervor
religioso y
se proclamase la
necesaria intercesión
de la Virgen para
que Antonio salvase la vida.
Recordemos
que los diecisiete metros de caída equivalen a la altura de un
edificio de seis plantas, siendo
muy escasas las
posibilidades de sobrevivir y
quedar sin secuelas tras
una caída de este tipo.
La experiencia vivida por
Antonio Jover trascendió
más allá de Elche,
siendo conocida en
muchos pueblos y
ciudades, pues
el hecho fue presenciado
por miles de personas presentes
en ese momento. Fue
considerado como un
hecho milagroso por la
intervención
de la Virgen de la Asunción.
A
esta popularidad,
y divulgación del hecho milagroso que protagonizó, contribuyó
también, entre otros,
Claudiano
Felipe Perpiñán
y Perpiñán.
Este ilicitano, sacerdote
de Santa María y poeta, fue
testigo de la caída de Antonio y
de su milagrosa recuperación. Para
loar y difundir la intersección de la Patrona de Elche en este
milagro, compuso un
romance en ese año, para
su perpetua memoria.
Esta
obra,
compuesta
por trescientos sesenta versos es, además, la publicación impresa
más antigua dedicada al Misteri
de Elche, en cuyo Archivo Municipal se conserva una copia.
En
los
años
posteriores, el
hecho
fue
recogido, también,
por
otras
publicaciones de temática religiosa de la época. En
1740, el jesuita Juan de Villafañé, publica
en
Madrid una
obra titulada Compendio
histórico en que se da noticia de las
milagrosas y devotas imágenes de la Reina de los cielos y tierra,
María
Santísima.
En este libro hace un repaso por las
advocaciones más
célebres
de la Virgen que había en España, así como por
sus más famosos milagros obrados.
Al
referirse a la Virgen de la Asunción de Elche, relata el suceso
protagonizado por Antonio Jover.
En
el párrafo final, tras haber relatado con
detalle
la
caída del
ibense, nos
cuenta
su traslado al hospital, su
rápida
recuperación, su promesa a la Virgen de asistir cada año a las
representaciones del Misteri,
así
como la
cantidad
y calidad de los
testigos que presenciaron el milagro:
Lleváronlos
al Hospital, y el día de la Octava salieron los dos que cogió
debajo, a adorar a la Santísima Reina; y el principal, que se
llamaba Antonio Jover, vecino
de Ybi, en aquel Reino, el
día 29 de Agosto fue también a hacer lo mismo, y a mostrarle
agradecido, prosiguiendo después todos los años en cumplir la
promesa, que hizo el
día
de la Asunción de
María Santísima, estando presente a su fiesta en Elche. Testigos de
este suceso fueron innumerables personas de diferentes Poblaciones y
Reinos, entre los cuales había sujetos nobles, y de gran distinción.
En
el año de
1751,
Carlos Tárrega escribe
la llamada Consueta
del
Misteri,
una
copia
de la del año 1709, incorporando diversos
comentarios y anotaciones.
En estas podemos
leer una nueva referencia
a
Antonio Jover, pues
relata el milagro de su caída y la
rápida
recuperación. A través de este
documento sabemos que, en ese año, el ibense seguía siendo un
personaje popular y conocido, no
solo por las gentes de Elche, sino también por los miles de
visitantes que acudían
al Misteri
cada año.
A
esto
contribuyó el hecho de que Antonio había continuado
asistiendo
cada año, desde
Ibi, a
las representaciones del drama sacro, cumpliendo
la promesa
que con fervor había
hecho a la
Patrona de Elche en acción de gracias por haber sobrevivido a tan
dramática caída.
El
mismo autor de esta Consueta
detalla que, en el Misteri
de este año de 1751, lo ha visto y que se hospeda en la ciudad.
Veamos
el texto indicado,
respetando su ortografía original:
Y
continuant en los miracles fets notorament per esta soberana Senyora
y Patrona
nostra Maria Santíssima de l’Assumpció, contaré de mon temps y
vista que avent vengut Antoni
Jover, natural d’Ybi, llevat de sa devoció en lo añy 1727 a veure
la Festa de Nostra Senyora y
patrona, es posà per a este efecte en la cornisa més alta de la
església, que té de altura huitanta pams y en el citi que té la
miga teronga a una finestra
que ay sega
y que
està perpendicular
a l’arcada del pedestral de la miga teronga de migdia y que entram
a la sacristia; y estant lo dia 15 del dit añy en este dit puesto,
al concluhir la Festa y coronació y tancar-se
lo cel,
es va llevar y al paréixer torbar y permetre esta soberana Señyora
per a manifestar
son poder y aumentar sa devoció entre tant concurs de gents y a
vista del conde de
Elda y el marqués de la Romana, que estaben presents, que dit Antoni
Jover caigués des
de dita cornisa fins baix la església, pegant sobre dos hòmens de
la ciutat de Alacant quedant els
tres sens paraula y sens eperanza de vida, motiu perquè els olearen
y la villa manà
llevar-los al hospital on foren asistits y en breu els dos de Alacant
sans; y lo dit Antoni Jover, pasats alguns dies, curà de sos trenchs
y dañys, y després pasà a donar gràcies
a Nostra Senyora y ha continuat en venir des de Ybi molts añys a
veure la Festa y huy,
añy 1751, lo he vist.
Veinticuatro
años después de aquel
suceso,
todavía seguía
vivo el recuerdo de
lo
que
allí
aconteció
y de
la persona de Antonio
Jover.
Aún,
a día de hoy, se tiene
este accidente
por el
más grave
que se ha vivido a lo
largo de
los siglos en
las representaciones del Misteri
y,
por tanto, el mayor milagro obrado por la Virgen de la Asunción de
Elche.
Antonio
Jover y su peripecia, aún
trescientos
años después de
ocurrido el hecho,
siguen
apareciendo en libros y estudios actuales sobre la historia del
Misteri.
El
ibense,
que había ejercido el oficio de herrero, al
menos
como
cuarta generación,
casó
en 1736 con Anastasia Morant Morant, de
la familia
del obispo ibense D. Carlos Guillem Matarredona, mosen Guillem, con
la que tuvo a
su hija Joaquina en 1749.
Finalmente,
en el año 1755, Antonio Jover falleció
en Ibi por causas desconocidas. Seguramente la
noticia de su
temprana
muerte
también
llenó de pesar, además
de a
familiares y vecinos
de Ibi, a
los
ilicitanos y
visitantes asiduos del Misteri
que lo conocían,
o habían oído hablar de él y del suceso.
Paradójicamente,
este ibense y
su peripecia,
que
pasaron
a
formar parte de
la historia milagrosa
del
drama asuncionista de Elche,
en su pueblo natal quedaron
en el olvido.
FUENTES
Archivo
Histórico Municipal de Ibi.
Archivo
Histórico Municipal de Elche.
CARLOS
TÁRREGA, Consueta, 1751.
CLAUDIANO
FELIPE PERPIÑÁN PERPIÑÁN, Relación verdadera de un Prodigio,
1727.
JUAN
DE VILLAFAÑÉ, Compendio histórico en que se da noticia de las
milagrosas y devotas imágenes de la Reina de los cielos y tierra,
María Santísima, 1740.