miércoles, 15 de abril de 2026

VISITA DEL ARZOBISPO DE VALENCIA EN 1742


 

En el año 1742, Ibi recibió la visita pastoral del arzobispo de Valencia (en las imagenes), hecho que no solía ser habitual, pues estas autoridades eclesiásticas solían enviar a sus comisionados para este tipo de asuntos menores. Estas visitas, para la tranquila vida de un pequeño pueblo, no dejaban de ser todo un acontecimiento, pues para su habitantes, con pocas variaciones en su quehacer habitual, suponían un motivo de fiesta. Aunque solo fuese por la pompa y el boato que solía acompañar a este tipo de personajes, así como por los inciensos y los cánticos corales que adornaban su presencia.

Se conserva la crónica de aquella visita, por lo que se reproduce casi en su integridad pues, además del relato histórico tan detallado, veremos la expresividad del texto y sus formalismos oficiales litúrgicos. Así mismo, nos dará a conocer algunos datos de como era Ibi en aquel tiempo.

A los cuatro días del mes de septiembre del año mil setecientos cuarenta y dos, el Ilustrísimo Señor Don Andrés Mayoral, por la Gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, Arzobispo de Valencia, del Consejo de su Majestad, está continuando su visita general, y constituido personalmente en la Villa de Ibi, que es del Rey Nuestro Señor y tiene en su ámbito trescientas y veinte casas, y en ellas mil cuatrocientas personas de Confesión, de las cuales mil doscientas son de comunión, en donde desde la Casa Abadía, en que fue hospedado dicho Ilustrísimo Señor, acompañado a más de su familia, de los Alcaldes y Regidores, y otras personas de dicho lugar, fue a la Iglesia Parroquial de aquel, que es bajo la invocación de la Transfiguración del Señor, a cuya puerta halló al Doctor Diego Montaner, Rector de dicha Parroquial, que le estaba esperando con capa pluvial, y le suministró el hisopo del agua bendita con que su Señoría Ilustrísima se esperjó a sí y a los circundantes, y habiéndose arrodillado entonó el coro el himno Veni Creator Espíritus.

Expuesto y acabado el primer verso, se levantaron todos y se fueron hasta las gradas del presbiterio, y se arrodilló su Señoría Ilustrísima e hizo oración, y el coro entonó la antífona Exce Sacerdos Magnus, y dijo los versículos Salvum Fac Servum Tunm Dommine.

Y después de la oración Deus Humilium, la cual concluida se levantó su Señoría Ilustrísima, y subiendo al presbiterio i se sentó en su sitial que estaba prevenido al lado del Evangelio, u mandó se leyese y publicase el Edicto de visita en el Púlpito de dicha Parroquial, que es del tenor siguiente.

Sigue en la crónica un edicto A vos, los fieles cristianos, vecinos y moradores estantes y habitantes en la presente, de cualquier estado, calidad y condición en los que comunican unas normas que los Santos Padres alumbradores del Espíritu Santo, en sus Santos Concilios, Santa y Justamente ordenan, las cuales omitimos por su complejidad y por no tratarse del objeto de este artículo.

El lenguaje tan culto y formal que en el edicto se emplea, además de haber sido proclamado en castellano, lengua que muy pocos conocían y usaban, hace pensar que, aparte de los prelados, nadie de los presentes entendió lo que se estaba diciendo desde el púlpito. Concluida la lectura del edicto, sigue la crónica relatando lo que ocurrió a continuación.

Leído y publicado el referido Edicto, se levantó su Señoría Ilustrísima y se vistieron el Pluvial Blanco, y abrió el Sagrario donde donde estaba reservado el Santísimo Sacramento en una custodia de plata sobredorada, y tomando dicha custodia con toda reverencia, con una toalla blanca la sacó al Altar Mayor, le hizo tres incensaciones con devota reverencia, y sacando después de entre los cristales del Viril la Sagrada Ostia, reconocida esta y hallada entera y con las debidas circunstancias, se volvió a enseñarla al pueblo teniéndola en la mano derecha sobre una Patena, con la cual dio la bendición en forma de cruz, y habiéndola vuelto dentro de la custodia, y concluido el himno Pange Lingua por el coro, dijo su Señoría Ilustrísima la oración Deus qui Nobis, y terminada esta se arrodilló y volvió a incensar dicha Sagrada Ostia, cantando el coro el himno Sacris Solemnis Christus, y tomando dicha custodia, la volvió a colocar en el Tabernáculo, y después halló un globo bien provehído de formas para dar la comunión, y llevó el Viático a los enfermos, hallándolo todo con la debida decencia.

Después fue su Señoría Ilustrísima a la Pila Bautismal de dicha Parroquial (en la imagen), cantando el coro el tracto Sicut Cervus desiderat, y habiendo llegado a ella, incensándola dijo los versículos Spiritus Domini y las oraciones Deus qui corda fidelium, y visitó el agua del Santo Bautismo y los Santos Óleos, Crisma, Catecomenorum Infirmorum que estaban en unos vasos de plata bien proveídos de lo necesario, hallándolo todo bien dispuesto.


Después visitó los altares de dicha Parroquial, los cuales encontró con Aras, manteles y todo lo necesario para celebrar el Sacrosanto Sacrificio de la Misa.

Después, desnudándole el Pluvial Blanco, le vistieron el negro, y puesto en medio del Altar Mayor empezó la antífona Si iniquitates, y dicha esta alternativamente un verso su Señoría Ilustrísima y otro el coro, concluyó después de la oración Deus qui inter, habiendo primero, mientras rezaba el Paternoster, aspergido en tierra con el hisopo que le suministró el Rector de dicha Parroquial, y fue en forma de procesión al Cementerio de aquella, cantando el coro el responso Qui Lazarum, continuadamente el responsorio Liberame domine, repitiendo hasta llegar al dicho cementerio en donde hizo segunda absolución por los difuntos sacerdotes, haciendo las aspersiones tu supra.

Acabada dicha dicha absolución, empezó su Señoría Ilustrísima el salmo Miserere mei Deus, y se volvió procesionalmente a la Iglesia, prosiguiendo el coro alternativamente hasta llegar al prebisterio de aquella en donde hizo terceraabsolución por los difuntos, generalmente con las mismas ceremonias que las antecedentes, y concluído con las oraciones que dispone el Ritual Romano, y habiéndole quitado a su Señoría Ilustrísima el Pluvial Negro, le volvieron a vestir el Blanco, y administró el Santo Sacramento de la Confirmación.

Últimamente mandó su Señoría Ilustrísima se tomasen las cuentas de dicha Rectoría, Beneficios de sus obligaciones, Platos, Demandas, Obrerías, Administraciones, Cofradías y cualesquiera otras obras pías que hubiere en dicha Parroquial y su distrito, y también mandó que se hagan inventarios de los ornamentos, plata, prendas y alhajas de dicha Parroquial, y que se continúen al fin de la presente.


FUENTES

Archivo Histórico Municipal de Ibi.

D. JOSÉ HERNÁNDEZ QUILIS.

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