martes, 30 de junio de 2026

LA IGLESIA DE SAN SALVADOR (y IV)


 

Empieza el siglo XIX con novedades normativas para la iglesia de Ibi. El 30 de mayo de 1806 el arzobispo de Valencia, Joaquín Company, remitía a todos los pueblos de la diócesis, una pastoral por la cual se ordenaba exhumar todos los restos contenidos en las capillas y los cementerios adjuntos a las iglesias y construir un nuevo cementerio, en lugar ventilado y alejado de la población, donde serían trasladados estos restos y donde, en adelante, fuesen enterrados todos los fallecidos.

También en este nuevo siglo, será en el que el edificio de la iglesia de San Salvador tendrá más cambios de estructura, de aspecto y de estilo arquitectónico. Su ampliación se hacía necesaria por ser el lugar de encuentro espiritual y festivo de una comunidad cada vez más numerosa que ya resultaba difícil de albergar en aquel templo edificado doscientos años atrás.

Además, la devoción hacia la Virgen de los Desamparados también había crecido, y esta carecía de una capilla propia, digna y acorde a su categoría de patrona de la Villa de Ibi, en la que su imagen fuera la protagonista, hallándose desde su llegada alojada en un lateral de la dedicada a San Diego.

Joaquín Cortes, al que debemos la copia de los quinque libri que se conservaban en el archivo parroquial, era un sacerdote nacido en Ibi en 1719. En su testamento, consciente de la necesidad de que la Patrona tuviera una capilla propia, dejó consignada una buena suma para que se destinara a la construcción de la misma. Falleció el 19 de septiembre de 1812, quedando sus sobrinos como albaceas y encargados de llevar a la práctica las últimas voluntades del difunto. Para ello, contrataron a un arquitecto de Alcoy, Juan Carbonell Satorre, para la elaboración de los planos del proyecto.

A principios del año 1819 se reunieron con las autoridades locales, con el fin de determinar el mejor emplazamiento para la capilla, pero todos coincidieron en que su construcción impediría una futura, y necesaria, ampliación de la iglesia por lo que acordaron, a sugerencia del maestro de obras Vicente Ferrándiz, proyectar la construcción de un transepto, con el fin de aumentar la capacidad del templo. Para la elaboración de los planos de esta ampliación, contrataron al arquitecto Manuel Fornés y Gurrea, para que aunara en un solo proyecto, el de la capilla de Juan Carbonell y el del transepto de Vicente Ferrándiz.

En la tarde del viernes 6 de agosto de 1819, festividad de San Salvador, (…) juntos y congregados los Señores que componen el Ayuntamiento, Junta de Dirección de la obra de la Iglesia Parroquial (…) para celebrar la función de la Colocación y Bendición de la primera piedra de la Capilla de Nuestra Señora de los Desamparados, y de la restante obra, avisado todo el vecindario mediante Bando (…) convocados todos los sujetos de la Junta para llevar el Palio (…).

Ese mismo año empezarían las obras de ampliación previstas, demoliéndose la Capilla de la Comunión existente y la sacristía, además del ábside. Así mismo, se adquirieron y derribaron dos casas contiguas (más una que ya había sido donada por mosén Joaquín Cortés), pues el proyecto del nuevo edificio contemplaba que este llegaría hasta el llamado Callizo de la Costera, que unía la Calle de las Eras con el Callejón de Alcoy.

A pesar de que hubo en 1821, alguna pretensión de que no se hiciese la cúpula prevista, por ahorrar costes y tiempos, finalmente, en agosto del año 1829, se dieron por concluidas las obras, con todo realizado según el proyecto inicial, elementos que todavía perduran: transepto, presbiterio, cúpula, capilla de la virgen, sacristía, dependencias y trasteros posteriores…, pero no así la fachada con sus dos torres que en ningún momento se menciona, y que, en contra de la creencia mayoritaria, no fue realizada en esta fase de ampliación de la iglesia. En 1825, Joaquín Oliet había realizado las pinturas del cascarón, presbiterio y pechinas, pero no de la cúpula, que es obra de otro autor, desconocido, y de otra época indeterminada.

En el año 1845 se publica el tomo referente a la provincia de Alicante del Diccionario Madoz. En él, su autor describe todas las poblaciones y, en la entrada referente a Ibi, entre otras cosas, nos describe el edificio de la iglesia:

Iglesia parroquial La Transfiguración, de segundo ascenso, servida por un cura de provisión ordinaria, un vicario y dos beneficiarios, el edificio es sólido y espacioso, sus paredes, bóveda y torre, de mampostería y piedra cantería, parte del cual fue trabajado por Antonio Pi, a últimos del siglo XVI y primeros del siguiente; se le ensanchó posteriormente desde 1819 al 27, en cuya época se añadió y formó el crucero, presbiterio, capilla de la Virgen y sacristía.




La nave tiene dos puertas, la principal al Oeste y la lateral al Sur. Desde el crucero adentro está formado el presbiterio, que remata en figura semioval, en medio del cual está colocado el tabernáculo, que es de esquisito gusto y buena escultura. Cuéntase en toda la iglesia 14 altares, una buena capilla dedicada a Nuestra Señora de los Desamparados, y un órgano regular colocado en 1784.

En el cascarón del presbiterio, a sus dos lados y 4 ángulos de la media naranja, se hallan buenas pinturas ejecutadas por por D. Joaquin Oliet, en 1825, con un notable dorado en las mismas, por Luis Cuenca: algunas pinturas de los altares se cree que son del célebre Joanes.

Por la lectura de esta descripción del edificio parroquial que realiza Madoz, sabemos que, en esa fecha, la iglesia de Ibi seguía teniendo una sola torre y, dado que para nada se había mencionado, ni ahora ni en las obras anteriores, remodelación alguna de la fachada, en ese año seguiría manteniendo el mismo aspecto que vemos en el célebre grabado de Cavanilles. Su aspecto cambiaría en la década de los 80 de ese siglo.

En los años 1883 y 1884, según se recoge en las actas de las sesiones del ayuntamiento, no hubieron fiestas patronales de septiembre por estar la parroquia en obras. Y las del año 1885 se hubieron de retrasar a los días 24 y 25 del mes de octubre, por no estar estas finalizadas completamente en septiembre. La prensa alcoyana, al hablar de esas fiestas, resalta que fueron mucho más solemnes y grandes las funciones religiosas que se han celebrado este año. La procesión ha revestido en el año presente de mucha mayor solemnidad si cabe que en años anteriores.

El hecho de que la iglesia estuviese cerrada al culto, incluso hasta el extremo de tener que suspender las fiestas septembrinas durante tres años, nos indica que las obras en ella realizadas no fueron de carácter menor. Este hecho, unido a que en la puerta principal aparezca claveteada la fecha de 1885, nos hacen poder afirmar, que esta es la fecha en la que se terminaron las obras de la nueva fachada con sus dos torres, de aspecto casi idéntico a como la conocemos hoy.

Tan solo el remate de ambas, donde están situadas las campanas, aparece en fotografías antiguas con el ladrillo visto, sin el recubrimiento que definitivamente le dio su aspecto que ha pervivido hasta la actualidad, salvo un pequeño periodo con un desafortunado repintado bicolor, sillares incluidos.



FUENTES

Archivo Municipal de Ibi.

JOSÉ HERNÁNDEZ QUILIS, Historia eclesiástica de Ibi. 1980.

ANTONIO CASTELLÓ CANDELA, Ibi, de lloc a vila real. 2001.

Julio Verdú Santonja (segunda imagen).

viernes, 26 de junio de 2026

CORREA Y LAS HOGUERAS DE SAN PEDRO


 

En vísperas de la festividad de San Pedro, vamos a completar los artículos que semanas atrás habíamos dedicado a las fiestas, que hace décadas se celebraban en la entonces Calle de Colón, con fotos y vivencias aportados por Salvador Moltó, más conocido por su apodo Correa, cedidas amablemente por su hijo Salvador, al que damos las gracias, para ser publicadas en este blog.

Veamos como relata y describe Salvador, vecino de la calle en aquella época, las citadas fiestas, tal y como se celebraban en la década de los años 60:


Estas fiestas surgieron de la buena armonía y convivencia entre varios de los vecinos residentes en esta calle, los cuales, durante una buena parte del año, y si el tiempo lo permitía, se juntaban al lado de la casa de Correa, Salvador Moltó Bernabeu, y allí una tertulia amenizada con chistes, chascarrillos y un trago de buen vino de la inseparable bota, con la participación de sus mujeres, y un montón de crios, no solo los hijos, con la oreja tiesa para reírnos de sus ocurrencias.

Decidieron montar unas fiestas en honor a este santo (San Pedro), y así, con este fin constituyeron la comisión correspondiente, con el reparto de los respectivos cargos. Apaste de Correa, estaban, entre otros, Borrego, Cachirri, Cachirri el abuelo, el de los interminables chistes, Alfredo Cabra, Víctor, Paco el del carro…

Creo recordar que empezaban el viernes por la tarde y terminaban al anochecer del domingo. Habían varios actos, siendo el principal la misa en honor a San pedro, y posterior pasacalles con la charanga por la calle Colón, presidido por las autoridades correspondientes, el alcalde, el comandante de la Guardia Civil, el jefe de la Policía Local, El párroco, y la directiva de la comisión de fiestas de la calle.

Como mínimo tenían dos comidas, un día el almuerzo y otro la cena, todo preparado por ellos mismos, con condimentos muy sencillos, cerveza, refrescos y buenas botas de vino. El plato fuerte eran las chuletas de cordero, comidas con las manos hasta dejar los huesos pelados, y los huevos fritos con unos panes caseros de aquel entonces.

Se organizaban juegos para los más pequeños, con reparto de premios para todos los participantes, que consistían especialmente en juguetes cedidos por las empresas de manera altruista. Había carreras normales, de sacos, con la cuchara y el huevo… La viga enjabonada, carreras de triciclos y patinetes, y lo del botijo colgado de una cuerda, lleno de caramelitos y chucherías, al que había que darle con un pal, pero con los ojos vendados. Una vez roto, cada uno se llevaba lo que podía pillar.

Y una noche se acotaba la calle para tirar cohetes borrachos, en cuyo acto podía participar cualquier persona mayor de edad. Dos o tres personas de la comisión salían debajo de un armazón con la figura de un toro, y de allí despedían infinidad de cohetes. Recuerdo el miedo que los críos teníamos, observándolos desde detrás de los cristales de las puertas y ventanas de nuestras casas.

Había dos noches de verbena, en las cuales Los Lasser eran el conjunto habitual. También había algún otro más, pero no me acuerdo de su nombre.

Las fiestas terminaban con una procesión presidida por el santo.












FUENTES

Archivo Municipal de Ibi.  

miércoles, 24 de junio de 2026

LA IGLESIA DE SAN SALVADOR (III)

 

En el año 1596, las obras de la nueva iglesia iban a buen ritmo, habiéndose ya edificado la puerta de San Pedro y algunas capillas, como la de los Brotons, cuya placa en su parte superior así lo atestigua (primera imagen). También esta inscripción ha sido motivo de diferentes interpretaciones por parte de algunos investigadores.

Unos han considerado que la fecha en ella señalada era la del inicio de las obras de la nueva iglesia, cuando ya vimos que la primera piedra se puso en 1593. Otros han señalado que el Brotons hace referencia a la persona que donó los terrenos para la ampliación, cuando ya vimos que esos dos solars i obres fueron adquiridos, a Estevan García y Gerónimo Esteve, en 1589.

A través de esta capilla, además, se accedía desde una puerta lateral al interior de la nueva iglesia, concretamente por la mencionada de San Pedro. Bajo esta advocación pusieron su capilla la familia de los Brotons, establecida en Ibi por Pere Brotons y su esposa Joana Vicent, ambos llegados a nuestro pueblo, procedentes de Jijona, en 1526.

El domingo, 14 de diciembre del año 1597, el caballero, viajero y poeta, Bernat Catalá, refiere en uno de sus viajes: vinguérem a oyr misa a Ibi. És una vila no molt gran, y la iglésia és molt gica y roïn; ara en obren altra, la vella és sots invocació de la Transfiguració de nostre Señor. En aver dinat, nos en anàrem y pasí per la vila de Alcoy. Por esta crónica conocemos que en esa fecha, aunque ya se estaba construyendo la nueva en alguna de sus partes, como hemos visto, todavía no se había derruido la vieja iglesia, en la que todavía se celebraba liturgia.

Las obras avanzaban según lo previsto, hasta el punto de que en el año 1602 ya se había derruido la antigua iglesia, y se había cubierto y cerrado la nueva, aunque todavía no estaba todo terminado y aún quedaba mucho por rematar. A pesar de eso, fue bendecida, el 6 de octubre de ese año, por el cura párroco de Biar.

A principios del año 1607, ya estaban enlucidas las capillas y las sepulturas, las cuales habían sido subastadas en 1594 a las familias que ya las tenían en la antigua iglesia, las cuales trasladaron los restos de sus familiares difuntos a la nueva ubicación. También se concedieron nuevos derechos a cinco familias más. Era una forma de recaudar fondos para ir abonando los pagos previstos de la nueva obra. Solo el mestre pedrapiquer Antonio Pi, y su familia, obtuvieron el privilegio de ser enterrados en el interior de la nueva iglesia gratuitamente.

En 23 de febrero del año 1608, se bautiza al primer ibense, José Brotons, en la nueva iglesia, concretamente estrenando la pila bautismal (segunda imagen), fabricada por el cantero Hieroni Pujasons, la cual todavía se conserva en la parroquia, aunque en un trastero, sin la dignidad ni valoración que una pieza histórica como esta se merece. En el año 1610 se pavimenta toda la nueva iglesia y, en 1614, se colocan veintiséis bancos construidos por un carpintero de Onil.

Las pinturas de Nicolás Borras, ya existentes en la anterior iglesia, se cuelgan en el altar mayor para decorar de nuevo ese espacio, y las familias poseedoras de capillas, ornamentan las mismas con retablos e imágenes, en una competición por demostrar su poder económico y social.

El 2 de diciembre del año 1620, un terremoto asola estas comarcas, llevándose Alcoy la peor parte, al situarse en esta población el epicentro y causar la muerte de 29 de sus vecinos. En Ibi no hubieron victimas mortales, aunque sí muchas pérdidas materiales. Según las crónicas de la época, el seísmo causó la caída de uno de los arcos principales de la iglesia, también de cornisas, así como el agrietamiento de la torre del campanario. Al igual que la mayoría de las casas del pueblo, las ermitas de Santa Lucía y de San Vicente también se vieron gravemente afectadas.

Pronto, bajo las órdenes de Antonio Pi, se pusieron las autoridades a recomponer la iglesia, la cual amenazaba ruina. Para ello, volvieron a colocar las piedras desprendidas de la nave central, acordando tornar a falcar dites pedres y fer lligases en la torre y demés capelles. El día 22 de ese mismo mes quedaban estos desperfectos reparados, a la vez que proclamaban a San Mauro, santo del día del terremoto, advocat y patró de la presente universitat.

Transcurrió el siglo XVII, con la realización de otras obras, aunque ya menores, en el edificio de la iglesia. En 1635 se construyó un coro sobre la capilla de los Guillem, para la instalación de un órgano; en 1651 se reparó el tejado por presentar desperfectos y goteras; y en 1698 se colocó una balaustrada de madera por toda la cornisa superior, para aumentar la capacidad del templo.


Pero a finales de siglo se hubo de acometer una obra de más volumen e importe. La torre del campanario, levantado en 1569, presentaba un estado precario. Recordemos que había sido muy afectada por el terremoto de 1620 y, aunque había sido reparada entonces, con el paso de los años se hacía necesaria su restauración, o su demolición y edificación de una de nueva factura.

En las actas del Consell, del 18 de octubre de 1699, vemos la deliberación que hubo sobre el tema:

Fonch proposat per lo jurat en cap, magnific Consell, com vostés saben que los elets de la obra tenen orde de fer un campanar nou a la iglésia conforme la junta del senyors elts será de molt lluiment per a la iglésia. No és de nostra facultad el dir aon estarà millor, si estarà millor en lo puesto aon està lo vell o si estarà millor derrocar lo vell y fer-lo a la part de dalt de la iglésia en la plaça, no sent de nostra facultat ems pareix que ens devem informar si es podrà carregar en lo vell o derrocar-lo y fer-lo en lo mateix puesto, o si es derroca lo vell y es farà de nou.

Se le pidió opinión a un maestro de obras de Valencia, que en ese año estaba levantando la iglesia de Tibi, para que dictaminase cual de las dos era la mejor opción, acordándose lo siguiente en una sesión del Consell celebrada el día 24 del mismo mes:

Avent mirat lo campanar vell com lo altre puesto de la plaça, fa relació ser més convenient fer dit campanar a la part de dalt en la plaça, per no poder-se carregar en lo campanar vell, costant més lo vell que lo nou.

Finalmente, las obras del nuevo campanario empezaron a principios del siglo XVIII, siendo costeadas mayormente por vecinos de la población. Al igual que el anterior, al menos su planta baja estaba abierta a la nave, pues en ella se situó la capilla del Santísimo Cristo y de la Soledad.

La ubicación final de ese nuevo campanario, a un lado de la fachada, no queda del todo determinada en los acuerdos del Consell, conociendo solamente que se haría a la part de dalt de la iglésia en la plaça. Pero esta nueva y flamante torre, iba a durar mucho menos que la anterior.

A mediados del mes de junio de 1764, visitan Ibi, requeridos por Consell, dos maestros albañiles canteros de Bocairente, con el encargo de inspeccionar el campanario, pues presentaba notables desperfectos y se temía por desprendimientos, o incluso, por su desplome. Reconocido el mismo, los dos maestros presentaron su informe al Consell, el cual describía la situación que presentaba:

Que en virtud de la súplica que se les ha hecho por parte de esta Ilustre Villa, se han constituido en el campanario de la Iglesia Parroquial de la mesma en conformidad de lo acordado en Cabildo de 6 de junio. Habido visto y registrado con la devida atención, han advertido y encontrado que la obra de dicho Campanario amenaza una total ruina respecto de estar las paredes removidas y los materiales muy en sí derruidos; que las piedras de sillería de sus esquinas tienen poca travazón y, por consiguiente, poco seguras. Por cuio motivo el mesmo peso las demuele, desploma y separa unas de otras de forma que no aplicándose el remedio correspondiente con la mayor brevedad posible no puede menos que resultar una grave ruina tanto en el Campanario, en parte de la nave de la Iglesia, y casas circunvecinas, añadiéndose que los techos de dicho Campanario están demolidos y separados de las piezas de (...).

Ante tan desastroso diagnóstico, el Consell acuerda el 29 de junio, la demolición urgente de la torre:

(...) mudar el Reloj por el clamor del Pueblo y derribar la torre del campanario, haviendo sacado antes las Santas Imágenes del Santíssimo Christo y de la Soledad que estavan colocadas en la Capilla que está debajo de dicho Campanario, trasladar el Reloj a la hermita del Venerable San Vicente, y a bajar las campanas de donde se hallan, que es encima del frontis de la puerta maior de dicha Iglesia, así como otras maniobras precisas y necesarias para escusar qualquiera desgracia.

Así mismo, el Consell acuerda en los meses siguientes:

Para que en todo tiempo pueda esta Ilustre Villa y su iglesia tener sus campanas en el lugar que corresponda y según es preciso, se haga de nuevo otro campanario y en el mismo sitio que actualmente estaba, bien que será preciso tomar de la Calle tres o quatro palmos.

Este nuevo campanario será el que Cavanilles dibujará en 1793 (tercera imagen).

Y las piedras del campanario derruido, por no ser aprovechables en su mayoría para el nuevo que se quería levantar, serán finalmente empleadas para realizar la obra de ampliación de la Capilla de la Comunión.


FUENTES

Archivo Municipal de Ibi.

JOSÉ HERNÁNDEZ QUILIS, Historia eclesiástica de Ibi. 1980.

ANTONIO CASTELLÓ CANDELA, Ibi, de lloc a vila real. 2001.


jueves, 18 de junio de 2026

TORNEO DE BALOMPIÉ


 

Uno de los dos campos de futbol que había en Ibi, en la década de los 40, era el del Patronato. En él, se jugaban partidos oficiales de los equipos de futbol locales pero, además, también era lugar en el que se celebraban liguillas o torneos de equipos de aficionados de la población.

El programa calendario que vamos a ver a continuación, presenta la curiosidad de mostrar las alineaciones de los tres equipos participantes en este torneo, además de permitir al aficionado anotar en él los resultados de cada partido, los puntos a repartir, la clasificación… Esto facilitaba hacer un seguimiento, jornada tras jornada, de la evolución de la competición.


FUENTES

Archivo Municipal de Ibi. 

fotosantiguasdeibi.blogspot.com

lunes, 15 de junio de 2026

LA IGLESIA DE SAN SALVADOR (II)

 

Las obras empezadas en 1569 en la iglesia, se complementaron en los siguientes años. En concreto, en febrero de 1572, según nos cuenta Joaquín Cortés, se enlucieron las paredes interiores de la misma, y en agosto de 1573, se le encargó al pintor de Cocentaina Nicolás Borrás, el dorado del sagrario y pinturas para decorar todo el altar mayor. El lienzo que representa a la Mare de Déu del Rozer (en la imagen), es el único de aquellos que en la actualidad todavía se conserva.

También en esos años, Joana Miralles, viuda de March Arques, encarga la construcción del retablo de las Almas del Purgatorio. Y en su testamento de 1576, deja mandado que, además, vull y man y és ma voluntad que lo meu cos sia sepultat a o soterrat dins la església de San Salvador del lloch de Ibien la capella dels Arques, capella on està lo retaule de les ánimes que yo a fet fer.

Por este testamento, y otros coetáneos, sabemos que familias de Ibi, las más destacadas social y económicamente, poseían capillas en la nueva iglesia (de reducida amplitud, dadas sus escasas dimensiones), además de tener el privilegio de poder enterrar a sus familiares en el interior de ella, oficialmente, desde 1574. El resto de la población lo hacía en el exterior del templo, junto a él.

Otras familias de Ibi que poseían capillas con sus correspondientes advocaciones fueron: los Verdú, bajo la invocación de la Encarnació; Pere Bortons y su esposa Joana Vicent, sots la invocació dels gloriosos Sant Pere y Sant Pau; los Cortés, bajo la invocación del Sant Crucifici, la de los Blanes, bajo la invocación del Sant Esperit; y la de los Jover, bajo la invocación de la Sacratísima Concepció. Completaban las ocho capillas familiares, la de los Pérez y la de los Guillem.

En 1577 viene a Ibi el Patriarca Juan de Ribera, en visita pastoral. Inspecciona la nueva iglesia, considerando que presenta aspecto decente y correcto para las celebraciones religiosas, pero cree, de manera acertada, que resulta pequeña para una población en constante crecimiento. También indicó la necesidad de tener una campana digna, para cumplir con los toques litúrgicos preceptivos.

Puesto el Consell manos a la obra sobre este tema, y a pesar de las penurias económicas del mismo, motivadas por los gatos que estaba ocasionando la desmembración de Jijona, se propuso, y consiguió que la iglesia tuviese una nueva campana.

Así, el 14 de octubre de 1578, al pie del campanario se fundió la nueva campana de casi 500 kilos, acontecimiento al que acudió todo el pueblo. Fue todo un éxito la operación pues, según cuentan las crónicas, producía un buen tañido, cosa que celebraron aquellos ibenses con una solemne procesión. Un mes más tarde, el 12 de noviembre de 1578, Ibi era declarada oficialmente, Universidad.

Se había atendido una de las dos peticiones hechas el año anterior por el Patriarca Juan de Ribera, la de una campana digna para la iglesia. La otra, la de contar con una iglesia de mayor tamaño, capaz de albergar a toda la población, tendría que espera algunos años más.

En agosto de 1582, el propio Juan de Ribera volvió a visitar Ibi, llevando a cabo la primera desmembración de nuestra iglesia respecto de la de Castalla, suponiendo esto un alivio económico, además de asignar para la misma un rector y un vicari. También ordenó a las autoridades del Consell que se construyese, para el nuevo párroco, una casa abadía, aprovechando también para indicarles que fuesen considerando la ampliación del edificio de la iglesia.

Pero finalmente, para el nuevo párroco, Joan Escorihuela, que tomo solemne posesión el día 22 de agosto de ese año, el Consell le ofreció per badía la casa que a raó servía per a espital, con pésimas condiciones de salubridad y junto a la fosa común del mismo. Esto motivó constantes pleitos, en los siguientes años, entre el párroco y el Consell.

El tema tan necesario de la ampliación del edificio de la iglesia fue tenido en cuenta por el clero, pues en 1586, el cura concedía derecho de sepultura en el interior de tan pequeño espacio a más familias de la población (el abigarramiento de difuntos debió de ser caótico), con el propósito de recaudar fondos in erectione et fabricacione eclesie parrochialis dicte universitatis de Ibi.

Hasta el Consell acabó tomando conciencia de la perentoria necesidad de ampliar la iglesia. En 1588 se propuso comprar dos solars i obres a espaldas del edificio, la una propiedad de Estevan García y la otra de Gerónimo Esteve, pero tropezaban con el eterno problema de la falta de posibles, más cuando, en el año anterior, había mandado fabricar un órgano y se había comprado también una cruz de plata a un platero de Valencia. Finalmente, en el año 1589, el Consell adquiere estas dos propiedades, aunque a ello contribuyó una visita que les haría decidirse definitivamente.


En marzo de ese año visitó Ibi el obispo Francisco de Mesa el cual, instó una vez más a las autoridades a emprender la construcción de una nueva iglesia, aunque esta vez, vista la reticencia mostrada desde hacía años en ejecutarla, llego a amenazarles con una posible excomunión.

Así las cosas, unos días después, el Consell acordó per quant per lo senyor visitador estat manat que es pose má en obrar la sglésia conforme altres viatges los estat manat sots certes penes en dit mandato contingudes (…) tots unànimes y concordes votaren, determinares y tingueren per be que la dita sglésia se comence a fer y que es faça del cap major en ves Alcoy, y que lo que hui és sglésia sia plaça per quant tenen clara notícia y parer de mestres que conve fer-se dita sglésia en dit lloch y ab més comoditat en lo preu.

Este acuerdo del Consell, nunca llegó a ejecutarse en estos términos, pero motivó que algunos autores e investigadores hayan dado por ciertas estas intenciones, afirmando que durante años el altar mayor estuvo en la actual puerta principal, no documentando cuando se revirtió esta situación. Recordemos que en el célebre dibujo de Cavanilles, de 1793, la fachada principal sigue en su lugar.

Los capítulos del contrato firmado por las autoridades municipales, el 31 de agosto de 1592, con los mestres pedrapiquers Antonio Pi y Juan Berlando, el primero de origen francés pero residente en Ibi, demuestran que nunca se derribó la fachada principal de la iglesia existente, integrando la que había, remodelándola, en parte de la nueva (situada donde la actual), y que dicho espacio nunca fue anexionado a la plaza.

En ellos se detalla que el nuevo edificio incorporaría el espacio que ocupaba la existente, a les espalles de la sglésia que hui està feta, una sglésia nova que tota junta, ab la capella que hui ja està feta, tinga de largaria cent quaranta palms, es decir, los cuarenta que tenía la pequeña iglesia más cien palmos (un palmo equivalía a 21 centímetros). Este espacio estaría repartido en cinco naves transversales, con capillas en sus extremos, más sacristía y sagrario. Contaría con dos puertas, la principal, con rosetón incluido, y una orientada al llebeig, la que se denominaría de San Pedro (segunda imagen).

Tampoco hubo de derribarse el campanario, levantado en 1569, pues al ir adosado y superpuesto a la fachada, a la parte derecha de la puerta (según algunos autores), y abierto al interior de la iglesia (sacristía y coro), no afectó su ubicación a la ampliación de la nave, aunque la vicaría fue reconvertida en la capilla de la Mare de Déu del Rozer.

Así, con un precio acordado por ambas partes de tres mil libras valencianas (más el suministro de los materiales necesarios a pie de obra a cargo del Consell), pagaderas en quince años, y el tiempo máximo estimado que duraría la obra, doce años, el 12 de abril del año 1593, se puso la primera piedra de la que sería la nueva iglesia de San Salvador, cuya nave sigue formando parte del edificio actual.



FUENTES

Archivo Municipal de Ibi.

JOSÉ HERNÁNDEZ QUILIS, Historia eclesiástica de Ibi. 1980.

ANTONIO CASTELLÓ CANDELA, Ibi, de lloc a vila real. 2001.


jueves, 11 de junio de 2026

EPIDEMIA Y FIESTAS 1854


 

En agosto del año 1854, se empiezan a registrar casos de cólera morbo en la ciudad de Alicante. El temor a contagio de sus habitantes hace que muchos de ellos, sacerdotes incluidos, abandonen la ciudad buscando refugio en otros lugares. Pero esta diáspora contribuirá a la expansión de la epidemia por muchas poblaciones de la provincia, y la nuestra no será una excepción.

El jueves 31 de agosto se celebra en nuestro ayuntamiento una sesión ordinaria en la que se trata el tema por primera vez, y en la que se toman decisiones, pecuniarias y preventivas sanitarias, que nos confirman la gravedad de la situación, si bien no en nuestro pueblo, sí en los de alrededor:

Para poder subvencionar los gastos que ocasionan las conducciones de la correspondencia pública desde esta Villa a la Ciudad de Alcoy, ínterin duren las circunstancias presentes por razón del cólera declarado en dicha Ciudad, se ha acordado por el Ayuntamiento se carguen un cuarto por pliego a todos los que se recibieran en esta estafeta.

Y en otro párrafo determina algo que, recientemente, nos resultó familiar y nada extraño:

Teniendo en cuenta el Ayuntamiento el estado sanitario de algunos pueblos limítrofes a esta Villa y sospechando, con motivo de la aglomeración de personas, resultados funestos para esta Villa, ha dispuesto suspender la celebración de las Fiestas que anualmente tienen lugar en este mes de Septiembre. Por último, que el domingo inmediato se saque en procesión de rogativas a Nuestra Señora de los Desamparados.

La situación en Ibi no era alarmante, pero se actuó con prudencia y previsión por parte de las autoridades suspendiendo las fiestas, evitando concentraciones de gente y la llegada de posibles visitantes enfermos desde otras poblaciones. De hecho en nuestro pueblo no se había producido, en todo el mes de agosto, ninguna defunción anotada como causada por el cólera.

Otras localidades de nuestro entorno no corrían la misma suerte, siendo preocupante la incidencia de la epidemia en Castalla y, sobre todo, en Alcoy, donde el abigarrado urbanismo, y la insalubridad de viviendas y fábricas, facili la propagación. Pero en Ibi la situación estaba cambiando.

El jueves 14 de septiembre se había producido en nuestra población el primer fallecimiento de un enfermo con cólera morbo. Se trataba de Agustina Bernabeu, esposa de Antonio Jover. Se iniciaba así una trágica lista de ibenses fatalmente afectados por la temible epidemia.

El día 15, la Corporación nombra una comisión para que se dedique a procurar y vigilar la salubridad de las carnes que se maten para el consumo. Y en sesión del día 28 del mismo mes, se solicita se adopten mejoras en el sistema sanitario. Así mismo, se ha dispuesto que desde hoy en adelante se encarguen como jefes del cordón sanitario D. Vicente Jover y D. Teodoro Gil, a los que se dirigirán las quejas que se pudieran producir.

Terminó el mes de septiembre con nueve fallecidos en Ibi diagnosticados con cólera morbo, tres hombres, uno de ellos un niño, y seis mujeres. El mes de octubre fue también trágico en nuestra población. Perdieron la vida catorce personas víctimas del cólera, seis hombres, entre ellos un niño de nueve años, y ocho mujeres, entre ellas Mariana Sarrió, esposa del secretario del ayuntamiento de Ibi.

Desde el 29 de octubre no se había producido ningún otro fallecimiento en Ibi, por lo que el ayuntamiento convoca sesión para el jueves 9 de noviembre. En ella, con un ambiente más optimista sobre la evolución de la epidemia del cólera, se refleja en el Libro de Actas:

Se ha acordado que habiendo cesado la enfermedad que ha estado afligiendo a este pueblo desde mediados de septiembre, se cante el Tedeum en acción de gracias el domingo doce de los corrientes. También se ha resuelto por el Ayuntamiento que después de la Misa Mayor, se salga por el pueblo a invitar a las personas que gusten inscribirse en la lista de donativo voluntario para solemnizar las Fiestas que en obsequio de Nuestra Patrona la Virgen de los Desamparados deben celebrarse a la mayor brevedad.

Aunque al día siguiente se produjo un nuevo fallecimiento a causa del cólera, noviembre estaba siendo menos dramático, y al estar pendiente celebrar las Fiestas Mayores, el ayuntamiento convocó a los concejales de nuevo el día 16 para fijar ya las fechas:

Se acuerda que los días veinticinco y veintiséis de los corrientes se celebren en esta Villa las Fiestas de costumbre a Nuestra Señora de los Desamparados su Patrona, cuya determinación se hará saber al Sr. Cura Párroco por medio de recado y atenciones, y al vecindario por bandos, especificando a ambos que en los mismos días, y además el veintisiete del propio mes, deben celebrarse las elecciones de Diputados a Cortes en el distrito de Castalla.

Finalmente, los fallecidos en noviembre anotados como víctimas del cólera, fueron seis, cuatro mujeres y dos hombres, casi todos en la última semana. Y en los días 1 y 3 de diciembre, se produjeron en Ibi las tres últimas defunciones de la epidemia de aquel año. Concretamente el día 3 cerraron la lista de fallecidos Josefa Rico y Rita Guillem.

El total de muertes anotadas como causadas por la epidemia de cólera en Ibi en 1854, fue de 32 vecinos, 21 mujeres y 11 hombres, dos de ellos niños, habiendo solo tres días con dos fallecidos. En otras poblaciones también se dio que el número de mujeres fallecidas superaba en mucho al de hombres, siendo muy posible que se contagiasen más por ser ellas, preferentemente, las que se dedicaran al cuidado de los familiares enfermos.

Teniendo en cuenta que el total de defunciones de aquel año en Ibi fue de 71 personas, sin incluir los 62 anotados como albats, el 45% de los fallecimientos se produjo por culpa de la epidemia. Todo ello obviando la posibilidad de que se produjese alguna otra muerte causada por el cólera, incluidas las de albats, pero que no se llegase a anotar como tal.

Estos datos, que pueden hacer parecer que en Ibi la incidencia fue grande, no resultan tan alarmantes si los cotejamos con los de otras localidades de la comarca, en particular con los especialmente graves de Castalla. En el siguiente cuadro compararemos, en algunas poblaciones del entorno, las muertes por cólera y su porcentaje en relación al número aproximado de habitantes, un dato imprescindible para apreciar la incidencia real.

Hay que recordar, para entender mejor la incidencia en nuestras comarcas que, según los informes de la época, en España, en 1854, el cólera causó alrededor de 200.000 muertes, un poco más del 1,3 % de la población. Por contra, en naciones como Gran Bretaña con mayor población, nada más se reportaron 23.000 fallecidos por esa causa en ese año.




FUENTES

Archivo Municipal de Ibi.