En vísperas de la festividad de San Pedro, vamos a completar los artículos que semanas atrás habíamos dedicado a las fiestas, que hace décadas se celebraban en la entonces Calle de Colón, con fotos y vivencias aportados por Salvador Moltó, más conocido por su apodo Correa, cedidas amablemente por su hijo Salvador, al que damos las gracias, para ser publicadas en este blog.
Veamos como relata y describe Salvador, vecino de la calle en aquella época, las citadas fiestas, tal y como se celebraban en la década de los años 60:
Estas fiestas surgieron de la buena armonía y convivencia entre varios de los vecinos residentes en esta calle, los cuales, durante una buena parte del año, y si el tiempo lo permitía, se juntaban al lado de la casa de Correa, Salvador Moltó Bernabeu, y allí una tertulia amenizada con chistes, chascarrillos y un trago de buen vino de la inseparable bota, con la participación de sus mujeres, y un montón de crios, no solo los hijos, con la oreja tiesa para reírnos de sus ocurrencias.
Decidieron montar unas fiestas en honor a este santo (San Pedro), y así, con este fin constituyeron la comisión correspondiente, con el reparto de los respectivos cargos. Apaste de Correa, estaban, entre otros, Borrego, Cachirri, Cachirri el abuelo, el de los interminables chistes, Alfredo Cabra, Víctor, Paco el del carro…
Creo recordar que empezaban el viernes por la tarde y terminaban al anochecer del domingo. Habían varios actos, siendo el principal la misa en honor a San pedro, y posterior pasacalles con la charanga por la calle Colón, presidido por las autoridades correspondientes, el alcalde, el comandante de la Guardia Civil, el jefe de la Policía Local, El párroco, y la directiva de la comisión de fiestas de la calle.
Como mínimo tenían dos comidas, un día el almuerzo y otro la cena, todo preparado por ellos mismos, con condimentos muy sencillos, cerveza, refrescos y buenas botas de vino. El plato fuerte eran las chuletas de cordero, comidas con las manos hasta dejar los huesos pelados, y los huevos fritos con unos panes caseros de aquel entonces.
Se organizaban juegos para los más pequeños, con reparto de premios para todos los participantes, que consistían especialmente en juguetes cedidos por las empresas de manera altruista. Había carreras normales, de sacos, con la cuchara y el huevo… La viga enjabonada, carreras de triciclos y patinetes, y lo del botijo colgado de una cuerda, lleno de caramelitos y chucherías, al que había que darle con un pal, pero con los ojos vendados. Una vez roto, cada uno se llevaba lo que podía pillar.
Y una noche se acotaba la calle para tirar cohetes borrachos, en cuyo acto podía participar cualquier persona mayor de edad. Dos o tres personas de la comisión salían debajo de un armazón con la figura de un toro, y de allí despedían infinidad de cohetes. Recuerdo el miedo que los críos teníamos, observándolos desde detrás de los cristales de las puertas y ventanas de nuestras casas.
Había dos noches de verbena, en las cuales Los Lasser eran el conjunto habitual. También había algún otro más, pero no me acuerdo de su nombre.
Las fiestas terminaban con una procesión presidida por el santo.
FUENTES
Archivo Municipal de Ibi.









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