jueves, 11 de junio de 2026

EPIDEMIA Y FIESTAS 1854


 

En agosto del año 1854, se empiezan a registrar casos de cólera morbo en la ciudad de Alicante. El temor a contagio de sus habitantes hace que muchos de ellos, sacerdotes incluidos, abandonen la ciudad buscando refugio en otros lugares. Pero esta diáspora contribuirá a la expansión de la epidemia por muchas poblaciones de la provincia, y la nuestra no será una excepción.

El jueves 31 de agosto se celebra en nuestro ayuntamiento una sesión ordinaria en la que se trata el tema por primera vez, y en la que se toman decisiones, pecuniarias y preventivas sanitarias, que nos confirman la gravedad de la situación, si bien no en nuestro pueblo, sí en los de alrededor:

Para poder subvencionar los gastos que ocasionan las conducciones de la correspondencia pública desde esta Villa a la Ciudad de Alcoy, ínterin duren las circunstancias presentes por razón del cólera declarado en dicha Ciudad, se ha acordado por el Ayuntamiento se carguen un cuarto por pliego a todos los que se recibieran en esta estafeta.

Y en otro párrafo determina algo que, recientemente, nos resultó familiar y nada extraño:

Teniendo en cuenta el Ayuntamiento el estado sanitario de algunos pueblos limítrofes a esta Villa y sospechando, con motivo de la aglomeración de personas, resultados funestos para esta Villa, ha dispuesto suspender la celebración de las Fiestas que anualmente tienen lugar en este mes de Septiembre. Por último, que el domingo inmediato se saque en procesión de rogativas a Nuestra Señora de los Desamparados.

La situación en Ibi no era alarmante, pero se actuó con prudencia y previsión por parte de las autoridades suspendiendo las fiestas, evitando concentraciones de gente y la llegada de posibles visitantes enfermos desde otras poblaciones. De hecho en nuestro pueblo no se había producido, en todo el mes de agosto, ninguna defunción anotada como causada por el cólera.

Otras localidades de nuestro entorno no corrían la misma suerte, siendo preocupante la incidencia de la epidemia en Castalla y, sobre todo, en Alcoy, donde el abigarrado urbanismo, y la insalubridad de viviendas y fábricas, facili la propagación. Pero en Ibi la situación estaba cambiando.

El jueves 14 de septiembre se había producido en nuestra población el primer fallecimiento de un enfermo con cólera morbo. Se trataba de Agustina Bernabeu, esposa de Antonio Jover. Se iniciaba así una trágica lista de ibenses fatalmente afectados por la temible epidemia.

El día 15, la Corporación nombra una comisión para que se dedique a procurar y vigilar la salubridad de las carnes que se maten para el consumo. Y en sesión del día 28 del mismo mes, se solicita se adopten mejoras en el sistema sanitario. Así mismo, se ha dispuesto que desde hoy en adelante se encarguen como jefes del cordón sanitario D. Vicente Jover y D. Teodoro Gil, a los que se dirigirán las quejas que se pudieran producir.

Terminó el mes de septiembre con nueve fallecidos en Ibi diagnosticados con cólera morbo, tres hombres, uno de ellos un niño, y seis mujeres. El mes de octubre fue también trágico en nuestra población. Perdieron la vida catorce personas víctimas del cólera, seis hombres, entre ellos un niño de nueve años, y ocho mujeres, entre ellas Mariana Sarrió, esposa del secretario del ayuntamiento de Ibi.

Desde el 29 de octubre no se había producido ningún otro fallecimiento en Ibi, por lo que el ayuntamiento convoca sesión para el jueves 9 de noviembre. En ella, con un ambiente más optimista sobre la evolución de la epidemia del cólera, se refleja en el Libro de Actas:

Se ha acordado que habiendo cesado la enfermedad que ha estado afligiendo a este pueblo desde mediados de septiembre, se cante el Tedeum en acción de gracias el domingo doce de los corrientes. También se ha resuelto por el Ayuntamiento que después de la Misa Mayor, se salga por el pueblo a invitar a las personas que gusten inscribirse en la lista de donativo voluntario para solemnizar las Fiestas que en obsequio de Nuestra Patrona la Virgen de los Desamparados deben celebrarse a la mayor brevedad.

Aunque al día siguiente se produjo un nuevo fallecimiento a causa del cólera, noviembre estaba siendo menos dramático, y al estar pendiente celebrar las Fiestas Mayores, el ayuntamiento convocó a los concejales de nuevo el día 16 para fijar ya las fechas:

Se acuerda que los días veinticinco y veintiséis de los corrientes se celebren en esta Villa las Fiestas de costumbre a Nuestra Señora de los Desamparados su Patrona, cuya determinación se hará saber al Sr. Cura Párroco por medio de recado y atenciones, y al vecindario por bandos, especificando a ambos que en los mismos días, y además el veintisiete del propio mes, deben celebrarse las elecciones de Diputados a Cortes en el distrito de Castalla.

Finalmente, los fallecidos en noviembre anotados como víctimas del cólera, fueron seis, cuatro mujeres y dos hombres, casi todos en la última semana. Y en los días 1 y 3 de diciembre, se produjeron en Ibi las tres últimas defunciones de la epidemia de aquel año. Concretamente el día 3 cerraron la lista de fallecidos Josefa Rico y Rita Guillem.

El total de muertes anotadas como causadas por la epidemia de cólera en Ibi en 1854, fue de 32 vecinos, 21 mujeres y 11 hombres, dos de ellos niños, habiendo solo tres días con dos fallecidos. En otras poblaciones también se dio que el número de mujeres fallecidas superaba en mucho al de hombres, siendo muy posible que se contagiasen más por ser ellas, preferentemente, las que se dedicaran al cuidado de los familiares enfermos.

Teniendo en cuenta que el total de defunciones de aquel año en Ibi fue de 71 personas, sin incluir los 62 anotados como albats, el 45% de los fallecimientos se produjo por culpa de la epidemia. Todo ello obviando la posibilidad de que se produjese alguna otra muerte causada por el cólera, incluidas las de albats, pero que no se llegase a anotar como tal.

Estos datos, que pueden hacer parecer que en Ibi la incidencia fue grande, no resultan tan alarmantes si los cotejamos con los de otras localidades de la comarca, en particular con los especialmente graves de Castalla. En el siguiente cuadro compararemos, en algunas poblaciones del entorno, las muertes por cólera y su porcentaje en relación al número aproximado de habitantes, un dato imprescindible para apreciar la incidencia real.

Hay que recordar, para entender mejor la incidencia en nuestras comarcas que, según los informes de la época, en España, en 1854, el cólera causó alrededor de 200.000 muertes, un poco más del 1,3 % de la población. Por contra, en naciones como Gran Bretaña con mayor población, nada más se reportaron 23.000 fallecidos por esa causa en ese año.




FUENTES

Archivo Municipal de Ibi.

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