El 15 de febrero de 1896, nació en Ibi Ramón Hernández Fuster, en el número 1 de la Calle Mayor. Era hijo, el segundo de cuatro hermanos, de Tomás Hernández Llopis, jornalero de 29 años natural de Ibi, y de Josefina Fuster Rocher, de 28 años natural de Castalla, aunque vecina de Ibi desde hacía muchos años. En diciembre de 1910, cuando Ramón tenía 14 años, falleció su madre.
Su padre, al quedar viudo, buscó un trabajo más estable que el de jornalero, trasladándose con sus hijos a Alicante, donde se ocupó regentando un bar en la Avenida Alfonso el Sabio. Mientras, Ramón compaginó la ayuda en el negocio de su padre con los estudios, cursando el bachillerato y ocupando durante un tiempo diversos empleos, para ayudar en la economía familiar.
De espíritu emprendedor, se inició en el negocio del papel de fumar, comercializando dos marcas propias, La Caraba y Campeón, aunque el negocio no prosperó, por lo que buscó trabajo en el bufete de Don Rafael Beltrán. Este letrado, político y empresario, fundó en 1918 la Compañía de Riegos de Levante, ofreciendo al ibense incorporarse como administrativo. El 6 de septiembre de 1920, Ramón se casó con Amparo Garrigós Nadal, de cuyo matrimonio nacieron sus tres hijos.
Don Rafael había desarrollado una relevante carrera política, siendo Presidente de la Diputación, Diputado y Senador en Madrid. Esto despertó en Ramón su vocación política. Se afilia primero a las Juventudes del Partido Socialista y posteriormente al Sindicato de la Electricidad, de UGT.
El 14 de abril de 1931 se se proclama la Segunda República, como consecuencia de unas elecciones municipales. En Alicante resultó vencedor el Partido Radical Socialista, siendo elegido alcalde Lorenzo Carbonell. Ramón, a pesar de su afiliación, permanece al margen y declina formar parte de cualquier candidatura. Durante esos años el ayuntamiento sufrió numerosos cambios políticos, con seis corporaciones. Pero al inicio de la Guerra Civil, la inestabilidad del consistorio se acentuó.
En agosto de 1936, Ramón dejó el Partido Socialista y se afilió al Partido Sindicalista, pero sin abandonar la UGT. El 29 de septiembre, siendo de nuevo alcalde Lorenzo Carbonell, formaciones izquierdistas disolvieron el pleno imponiendo un Consejo Municipal, formado por 21 consejeros. Serían militantes de esos partidos, el gobernador civil los nombraría, y ellos elegirían al alcalde.
En los años de guerra, aunque el pleno nunca llegó a disolverse oficialmente, fue una sucesión constante de concejales y alcaldes, moción de censura incluida. Los motivos fueron variados: la situación de guerra, enfrentamientos y desavenencias entre los propios partidos y, en los meses finales, los abandonos y deserciones por la sensación de que estaba todo perdido.
En este difícil ambiente, el Gobernador Civil nombra a Ramón, el 27 de abril de 1937, concejal del Consejo Municipal como representante de su partido. Estará en el ayuntamiento hasta el final de la guerra, siendo el tercer consejero que más tiempo estuvo en su puesto, en contraste con el constante ir y venir de ediles, hasta setenta, nombrados, cesados o dimitidos, en esos treinta meses.
El alcalde, en ese momento Rafael Millá, natural de Alcoy, nombra a Ramón Teniente Alcalde y delega en él las competencias de Bomberos, Alumbrado, Banda de Música y Abastos, siendo esta última de las más complicadas, dadas las situaciones de escasez que se producían. Además, estando Ramón al frente de esa delegación, se produjo, el 25 de mayo de 1938, el bombardeo del Mercado Central por la aviación italiana, produciéndose más de 300 víctimas mortales.
El 16 de marzo de 1939, el alcalde, Ángel Company, presentó la dimisión al gobernador civil. Éste convocó sesión extraordinaria, el día 21 del mismo mes, con el único orden del día de buscar nuevo alcalde, aunque solo asistieron once de los veintiún consejeros. Se votó, resultando siete papeletas a favor de Ramón, y las otras cuatro en blanco. El resultado no era suficiente para su designación, se repitió la votación, llegando al pleno otro concejal que, con su voto afirmativo, hizo posible que Ramón obtuviese las papeletas necesarias. El secretario validó el escrutinio y lo proclamó alcalde.
El ibense aceptó y asumió el cargo, con un pequeño discurso de compromiso con la República que terminó con un Viva la independencia de España. El día 23 presidió su primer y único pleno en el ayuntamiento, asistiendo solo ocho ediles, ninguno de los cuales lo era desde el inicio de la guerra.
A pesar de la situación postrera evidente por la ausencia de consejeros, curiosamente el acta de la sesión refleja que los temas del orden del día fueron como los de cualquier municipio en tiempos de paz: el escalafón de la guardia urbana, un dictamen sobre venta de parcelas en el cementerio, una apertura de cuenta en un banco para la lonja de frutas y verduras, la transmisión de un panteón...
Los siguientes días de la alcaldía de Ramón, fueron caóticos en Alicante, al concentrarse en el puerto republicanos llegados de media España, desde donde salían barcos con destino, sobretodo, a Argelia o el sur de Francia. El día 25 sufrió el puerto de Alicante el último bombardeo, sin víctimas mortales. El 26 se inició la ofensiva final en los frentes, provocando en los restos del ejército republicano una desbandada general, sobretodo de los susceptibles de represión, hacia puertos como el de Alicante. A ello ayudó el rumor de que pronto llegarían barcos para llevar gente al exilio, motivando la llegada de miles de republicanos buscando embarcar. Ese mismo día cayó Madrid.
Ramón trató de ayudar desde el ayuntamiento, teniendo contactos con el antes alcalde Lorenzo Carbonell, ahora reconvertido en cónsul de Méjico, para que facilitase visados que permitieran a la mayor cantidad de personas subir a bordo de los barcos que, creían, pronto llegarían al puerto. También mantuvo contactos con José Mallol Alberola, jefe provincial del Movimiento, que había asumido el cargo de gobernador civil por la huida del anterior, para preparar un traspaso de poderes ordenado, pacífico y sin derramamientos de sangre por ambas partes, ya del todo innecesarios.
El día 28, salieron los dos últimos mercantes desde el puerto de Alicante, quedando en los muelles y zonas aledañas más de 15.000 personas. El día 29, grupos de falangistas ocuparon las sedes de las emisoras de radio, periódicos y edificios oficiales, pero no el ayuntamiento, aunque eligieron a Ambrosio Luciañez, abogado y antiguo concejal encarcelado en 1936, como nuevo alcalde.
Al día siguiente, jueves 30 de marzo, Ramón acudió a su despacho en el ayuntamiento, como cada mañana. Allí, al mediodía, reunió lo poco que quedaba del Consejo Municipal y, después de hacer el arqueo de caja en presencia del Secretario, traspasó los poderes, como habían acordado, al nuevo alcalde Ambrosio Luciáñez, con José Mallol y el coronel republicano Ricardo Burillo como testigos del acto. Después arrió la bandera republicana del balcón, dentro de la formalidad acordada para el traspaso. Fue la última de España en un edificio público oficial, izándose a continuación la nacional, en un gesto simbólico a la vez que elocuente.
En días anteriores se habían realizado traspasos de poder similares en algunos de los ayuntamientos de la provincia, con gestoras o con algún alcalde que todavía permanecía en su puesto, y en otros simplemente se ocupó la alcaldía al haber huido todos los ediles. El 28 se hizo en Orihuela y el 29 en Denia, Elda, Elche, Alcoy, Ibi… Así pues, se puede afirmar que el ibense Ramón Hernández Fuster fue el último alcalde del régimen republicano que hubo en Alicante, en España y, por ende también, la última autoridad civil de la República que permaneció formalmente en su puesto.
El proceder de Ramón, en jornadas tan cruciales, demuestra como era el carácter de este ibense quien, a pesar de que lo más seguro para él hubiera sido abandonar Alicante y escapar, antepuso su sentido del deber permaneciendo en su puesto hasta el final, ayudando en lo posible en la salida de los republicanos y facilitando un traspaso del ayuntamiento, lo más digno y ordenado posible, a las nuevas autoridades. Con el convencimiento personal de haber actuado en coherencia con sus ideales políticos y de haber hecho lo correcto, después de la entrega de poderes, abandonó el ayuntamiento sin que nadie lo detuviera. Volvió a su casa, y a su trabajo en los días siguientes.
Pero finalmente Ramón fue detenido e internado en la cárcel del Reformatorio de Adultos el 10 de abril de 1939, y sometido, el 14 de junio de ese año, a un juicio sumarísimo en los mismos salones del ayuntamiento que había presidido. Según él mismo cuenta, antes de que lo llevaran ante el Tribunal, pidió un sacerdote para que lo confesara, como así lo hizo.
Fue acusado por adhesión a la rebelión y pertenecer al Partido Sindicalista, por lo que se le condenó a 31 años de prisión en la cárcel de Alicante. El 18 de junio de 1940 se le trasladó a la Colonia Penitenciaria de El Dueso, en Santoña, donde ejerció como pagador de giros y peculios. Presentó Recurso de Apelación, su sentencia fue revisada, y en 1942, fue rebajada a 12 años.
El 6 de febrero de 1943, se le concede el beneficio de la libertad condicional, sin la liberación del destierro, según aparece publicado en el BOE el 16 de marzo de ese año. Permaneció unos años exiliado en Madrid, ocupado en diversos empleos, pasando allí las penurias de la posguerra. Pudo volver a Alicante, con 53 años, en 1949 totalmente libre, reuniéndose de nuevo con su familia.
Vivió alejado de la política y en el práctico anonimato. Inicialmente se ganó la vida ocupado, junto con su esposa, en un puesto de frutas en el mercado, consiguiendo posteriormente trabajo en una empresa cárnica de San Vicente, donde ejerció de jefe de administración hasta su jubilación. Visitó Ibi en diversas ocasiones, pues aquí seguía teniendo familia con la que tenía frecuente contacto.
En las elecciones municipales de 1983 fue elegido alcalde, por segunda vez, el socialista José Luis Lassaletta. Este quiso que Ramón recibiera un homenaje en su toma de posesión, por lo que le invitó a su solemne acto de toma de posesión, celebrado en el Salón Azul del ayuntamiento.
Ramón tuvo un sitio preferente, recibiendo los honores de todos los ediles y del numeroso público presente. Se le rindió un homenaje como el último alcalde de Alicante de la Segunda República. Desde entonces su retrato figura en la Galería de Alcaldes de la Ciudad de Alicante, situada en un salón de la casa consistorial (primera imagen). Murió en Alicante el 24 de abril de 1988, a la edad de 94 años.
Un poco después le fue dedicada por el ayuntamiento una céntrica vía en la ciudad de Alicante, siendo, de los pocos ibenses con una calle rotulada a su nombre fuera de nuestra población.
FUENTES
Archivo Municipal de Ibi.
El último alcalde, Revista de Fiestas, 2023.




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