martes, 30 de junio de 2026

LA IGLESIA DE SAN SALVADOR (y IV)


 

Empieza el siglo XIX con novedades normativas para la iglesia de Ibi. El 30 de mayo de 1806 el arzobispo de Valencia, Joaquín Company, remitía a todos los pueblos de la diócesis, una pastoral por la cual se ordenaba exhumar todos los restos contenidos en las capillas y los cementerios adjuntos a las iglesias y construir un nuevo cementerio, en lugar ventilado y alejado de la población, donde serían trasladados estos restos y donde, en adelante, fuesen enterrados todos los fallecidos.

También en este nuevo siglo, será en el que el edificio de la iglesia de San Salvador tendrá más cambios de estructura, de aspecto y de estilo arquitectónico. Su ampliación se hacía necesaria por ser el lugar de encuentro espiritual y festivo de una comunidad cada vez más numerosa que ya resultaba difícil de albergar en aquel templo edificado doscientos años atrás.

Además, la devoción hacia la Virgen de los Desamparados también había crecido, y esta carecía de una capilla propia, digna y acorde a su categoría de patrona de la Villa de Ibi, en la que su imagen fuera la protagonista, hallándose desde su llegada alojada en un lateral de la dedicada a San Diego.

Joaquín Cortes, al que debemos la copia de los quinque libri que se conservaban en el archivo parroquial, era un sacerdote nacido en Ibi en 1719. En su testamento, consciente de la necesidad de que la Patrona tuviera una capilla propia, dejó consignada una buena suma para que se destinara a la construcción de la misma. Falleció el 19 de septiembre de 1812, quedando sus sobrinos como albaceas y encargados de llevar a la práctica las últimas voluntades del difunto. Para ello, contrataron a un arquitecto de Alcoy, Juan Carbonell Satorre, para la elaboración de los planos del proyecto.

A principios del año 1819 se reunieron con las autoridades locales, con el fin de determinar el mejor emplazamiento para la capilla, pero todos coincidieron en que su construcción impediría una futura, y necesaria, ampliación de la iglesia por lo que acordaron, a sugerencia del maestro de obras Vicente Ferrándiz, proyectar la construcción de un transepto, con el fin de aumentar la capacidad del templo. Para la elaboración de los planos de esta ampliación, contrataron al arquitecto Manuel Fornés y Gurrea, para que aunara en un solo proyecto, el de la capilla de Juan Carbonell y el del transepto de Vicente Ferrándiz.

En la tarde del viernes 6 de agosto de 1819, festividad de San Salvador, (…) juntos y congregados los Señores que componen el Ayuntamiento, Junta de Dirección de la obra de la Iglesia Parroquial (…) para celebrar la función de la Colocación y Bendición de la primera piedra de la Capilla de Nuestra Señora de los Desamparados, y de la restante obra, avisado todo el vecindario mediante Bando (…) convocados todos los sujetos de la Junta para llevar el Palio (…).

Ese mismo año empezarían las obras de ampliación previstas, demoliéndose la Capilla de la Comunión existente y la sacristía, además del ábside. Así mismo, se adquirieron y derribaron dos casas contiguas (más una que ya había sido donada por mosén Joaquín Cortés), pues el proyecto del nuevo edificio contemplaba que este llegaría hasta el llamado Callizo de la Costera, que unía la Calle de las Eras con el Callejón de Alcoy.

A pesar de que hubo en 1821, alguna pretensión de que no se hiciese la cúpula prevista, por ahorrar costes y tiempos, finalmente, en agosto del año 1829, se dieron por concluidas las obras, con todo realizado según el proyecto inicial, elementos que todavía perduran: transepto, presbiterio, cúpula, capilla de la virgen, sacristía, dependencias y trasteros posteriores…, pero no así la fachada con sus dos torres que en ningún momento se menciona, y que, en contra de la creencia mayoritaria, no fue realizada en esta fase de ampliación de la iglesia. En 1825, Joaquín Oliet había realizado las pinturas del cascarón, presbiterio y pechinas, pero no de la cúpula, que es obra de otro autor, desconocido, y de otra época indeterminada.

En el año 1845 se publica el tomo referente a la provincia de Alicante del Diccionario Madoz. En él, su autor describe todas las poblaciones y, en la entrada referente a Ibi, entre otras cosas, nos describe el edificio de la iglesia:

Iglesia parroquial La Transfiguración, de segundo ascenso, servida por un cura de provisión ordinaria, un vicario y dos beneficiarios, el edificio es sólido y espacioso, sus paredes, bóveda y torre, de mampostería y piedra cantería, parte del cual fue trabajado por Antonio Pi, a últimos del siglo XVI y primeros del siguiente; se le ensanchó posteriormente desde 1819 al 27, en cuya época se añadió y formó el crucero, presbiterio, capilla de la Virgen y sacristía.




La nave tiene dos puertas, la principal al Oeste y la lateral al Sur. Desde el crucero adentro está formado el presbiterio, que remata en figura semioval, en medio del cual está colocado el tabernáculo, que es de esquisito gusto y buena escultura. Cuéntase en toda la iglesia 14 altares, una buena capilla dedicada a Nuestra Señora de los Desamparados, y un órgano regular colocado en 1784.

En el cascarón del presbiterio, a sus dos lados y 4 ángulos de la media naranja, se hallan buenas pinturas ejecutadas por por D. Joaquin Oliet, en 1825, con un notable dorado en las mismas, por Luis Cuenca: algunas pinturas de los altares se cree que son del célebre Joanes.

Por la lectura de esta descripción del edificio parroquial que realiza Madoz, sabemos que, en esa fecha, la iglesia de Ibi seguía teniendo una sola torre y, dado que para nada se había mencionado, ni ahora ni en las obras anteriores, remodelación alguna de la fachada, en ese año seguiría manteniendo el mismo aspecto que vemos en el célebre grabado de Cavanilles. Su aspecto cambiaría en la década de los 80 de ese siglo.

En los años 1883 y 1884, según se recoge en las actas de las sesiones del ayuntamiento, no hubieron fiestas patronales de septiembre por estar la parroquia en obras. Y las del año 1885 se hubieron de retrasar a los días 24 y 25 del mes de octubre, por no estar estas finalizadas completamente en septiembre. La prensa alcoyana, al hablar de esas fiestas, resalta que fueron mucho más solemnes y grandes las funciones religiosas que se han celebrado este año. La procesión ha revestido en el año presente de mucha mayor solemnidad si cabe que en años anteriores.

El hecho de que la iglesia estuviese cerrada al culto, incluso hasta el extremo de tener que suspender las fiestas septembrinas durante tres años, nos indica que las obras en ella realizadas no fueron de carácter menor. Este hecho, unido a que en la puerta principal aparezca claveteada la fecha de 1885, nos hacen poder afirmar, que esta es la fecha en la que se terminaron las obras de la nueva fachada con sus dos torres, de aspecto casi idéntico a como la conocemos hoy.

Tan solo el remate de ambas, donde están situadas las campanas, aparece en fotografías antiguas con el ladrillo visto, sin el recubrimiento que definitivamente le dio su aspecto que ha pervivido hasta la actualidad, salvo un pequeño periodo con un desafortunado repintado bicolor, sillares incluidos.



FUENTES

Archivo Municipal de Ibi.

JOSÉ HERNÁNDEZ QUILIS, Historia eclesiástica de Ibi. 1980.

ANTONIO CASTELLÓ CANDELA, Ibi, de lloc a vila real. 2001.

Julio Verdú Santonja (segunda imagen).

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