viernes, 20 de febrero de 2026

CARRER DE LA SABONERÍA


 

ANTIGUAS CALLES DE IBI:

CARRER DE LA SABONERÍA



En el año 1531 aparece en un documento una referencia a la sabonería de Joan Lezcano establida en les set arcades de casa sua que están a la part del riu, instalación dedicada a la fabricación de jabón. Por su emisión de olores molestos y la necesidad de un suministro continuo de agua, se instaló un tanto apartada de la población y junto al río, dando origen y nombre a esta calle en la que se encontraba situada. Pero el llamado Carrer de la Sabonería no constará, con esta denominación por primera vez, hasta el año 1552. Este edificio con arcos es, muy probablemente, el que está al lado del rio en el grabado de Cavanilles de 1784.

Esta denominación de la calle seguirá apareciendo en diferentes documentos hasta el año 1696, aunque en el año 1650 ya consta por primera vez como Carrer Conill, nombre con el que seguirá denominada durante muchos años hasta que, en el Libro Padrón, o De Justiprecios, del año 1784, y en posteriores censos, constará como Calle de Conejos. Como curiosidad comentar que en el del año 1860 se domicilia, en el nº 12 de esta calle, el primer Cuartel de la Guardia Civil, donde permanecerá hasta el año 1867 en que pasa al número 1 de la Plaza de la Iglesia.

Pero en 1905, las autoridades municipales deciden renombrar esta calle con el título de Calle de Cervantes. Y este cambio, como es bien conocido por muchos, dará origen a un cuento, leyenda o sucedido, cuya veracidad no se puede comprobar, pero que siempre se la hemos oído relatar a los más mayores como cierta, y que aprovecho la ocasión para darla a conocer o recordar, en la versión que de siempre me contaron.

Había a principios del siglo XX unos senyorets que pasaban el verano en su casa de Ibi, como hacían varias familias burguesas de la época, en busca de un clima menos caluroso. Estos veraneantes se abastecían de productos locales, que encargaban a vecinos de Ibi con huertos y corrales. Uno de estos ibenses recibió un encargo de uno de estos senyorets. Su mujer quería comer arros en conill, por lo que le pidió que le llevara un conejo para que su cocinera se lo preparase. El vecino en cuestión, llegado el día, le dio un conejo a su hija con el encargo de que lo llevase a la casa del senyoret peticionario.

Esta chica sabía leer y escribir pero, como casi toda la gente de aquella época, tenía el valenciano como su idioma habitual, y casi exclusivo. Conocía a la familia del encargo y quería entregar personalmente el conejo a la señora para ver si así aquella le daba una pequeña propina. Recordó que la familia era castellano hablante, pero ella no recordaba, o no sabía, como se decía conill en castellano, por lo que, ingeniosa ella, pensó que las calles estaban rotuladas en castellano, y que había una calle a la que todos llamaban conill. Allí se dirigió para leer la placa de dicha calle y poder hacer la deseada traducción. Acto seguido se dirigió presta a llevar el encargo al domicilio en cuestión, segura de que iba a quedar como una ilustrada bilingüe ante la señora, a la que solicitó ver al llegar a la casa. Una vez ante ella, ufana y con voz segura, le dijo: “Señora, aquí le traigo el cervantes que encargó”. Desde entonces en Ibi, a los conejos se les suele apodar como cervantes.

Finalmente, en el año 1985, dentro de la corriente recuperadora de los nombres populares de las calles, pasa a denominarse como Carrer Conill, aunque en la actualidad ninguna placa así lo indique.



FUENTES

Archivo Histórico Municipal de Ibi.

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