ANTIGUAS CALLES DE IBI:
LO TRINQUET DE LA PILOTA
La gran afición de los antiguos habitantes de Ibi a juegos de pelota, como el trinquet o la percheta, ha quedado de manifiesto a lo largo de los años por la presencia de los nombres de calles dedicados a estos juegos. Denominaciones que ya vimos, tales como Carreró del Trinquet del Forn (1630), Calle de la Percheta (1772) o Callejoncito del Trinquete (1855) lo ponen de manifiesto. Incluso la de Calle del Rebot (1695), aludiendo a un tipo de juego allí realizado en el que el rebote de la pelota, condicionado por la fisonomía peculiar de la calle, formaría parte del mismo.
A las anteriores hoy vamos a añadir otra más. Como todas las hasta ahora mencionadas, sigue el mismo patrón: calle estrecha, corta, llana, y con orientación de este a oeste.
Se trataría de la llamada Lo Trinquet de la Pilota, como así aparece en un documento de 1610. En el año 1768 pasa a llamarse Calle de la Pelota, y en 1784 Trinquete de la Pelota. En 1801 aparece integrada en la Calle de Conejos, pasando en 1859 a denominarse como Calle del Trinquete, como todavía hoy está rotulada.
Pero esa gran afición de los ibenses en el pasado a los juegos de pelota, también fue objeto de vigilancia, sobre todo en el siglo XVII por parte de las autoridades. No estaban prohibidos, como los de cartas o naipes, pero se regulaban sus días de juego y horarios, poniendo multas por hacer partidas en solemnes festividades religiosas, o coincidir estas con las horas de misas. También se sancionaba el habitual lenguaje soez, obsceno o blasfemante, como así ocurrió en 1628, cuando el Justicia sancionó a Ferrando Blanes con una multa de diez sueldos por este motivo.
Años después, encontramos actas del ayuntamiento en las que, aprovechándose de la gran popularidad de este tipo de juegos, no pierde la ocasión para recaudar impuestos. En esta de 1759 acuerda el arrendamiento de las calles dedicadas a estos juegos, haciendo de su uso un instrumento más de recaudación municipal: Se había llevado al pregón el arrendamiento de las calles de la pelota de esta Villa y que no había aparecido postor. Y para continuar la obra de la ermita de San Miguel de esta Villa se diere de limosna dichas calles de pelota y su producto.
Y en otra de 1764 acuerda la Donación a la ermita de San Miguel y para ayuda a su fábrica del producto de las calles de la pelota por cuanto ha representado Gerónimo Guillem, administrador de la fábrica de dicha ermita que se halla con cortos medios para su continuación, y siendo este negocio tan del agrado del servicio de Dios y tan corta cantidad el producto que ordinariamente suele ser doce o trece pesos, acordaron hacer dicha cesión con la obligación del administrador de componer a sus costas las calles de dichas pelotas, reparándolas en lo necesario y cuidando de su limpieza y aseo.
FUENTES
Archivo Histórico Municipal de Ibi.
ANTONIO CASTELLÓ. Ibi, siglos XVI – XVII (2016).


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