jueves, 15 de enero de 2026

EL KIOSCO DE LA PLAÇA DE LA PALLA


 

En el año 1947, el joven José Jover Verdú presentó, en el Ayuntamiento de Ibi, una solicitud para poder construir, en la entonces Plaza de los Mártires, algo novedoso y moderno en aquellos años: un kiosco. Su intención era dedicarlo a la venta de helados y refrescos, pero con un concepto de establecimiento al aire libre, estable y cercano al cliente, buscando que este se encontrase con él al dar un paseo.


Los kioscos eran habituales en plazas y jardines de ciudades, pero en Ibi no existía ese concepto de establecimiento. José Jover, con visión comercial, no solo intuyó el buen negocio que podía suponer este tipo de despacho de helados, sino que además, supo situarlo en la mejor ubicación posible, en pleno centro de la vida lúdica de aquella época.


La solicitud que presentó al Consistorio para hacer este kiosco, firmada por su padre al no ser José mayor de edad, entonces fijada en veintiún años, incluiría, además de una explicación de su intención comercial, un diseño del mismo. Este, casi con total seguridad, sería obra del mismo solicitante, conocidas sus dotes artísticas y creativas. El modelo, años más tarde, fue imitado en el diseño del kiosco que se hizo junto a la ermita de San Vicente, aunque este con dos módulos.


La condición que le puso el Ayuntamiento, para que pudiera levantar este singular establecimiento, era que lo construyera con total cargo a su presupuesto, estando a cambio exento del pago de impuestos durante diez años y que, una vez pasado dicho periodo, pasase el kiosco a propiedad del municipio.


Aceptó José Jover dichas condiciones y se dispuso a buscar constructor, para lo que contrató a la empresa de Restituto Rico. Sus dos trabajadores, Antonio Miralles, como oficial, y Hilario Sanjuan, como ayudante, fueron los encargados de edificar, en mayo de 1947, este singular icono ibense.


Pasados unos años de explotación en propiedad del kiosco como establecimiento de venta de helados por parte de José Jover, este decidió seguir con su oficio pero en un local más amplio, abriendo una heladería, por todos recordada, a escasos metros de su pionera ubicación. Allí siguió desarrollando su artesano oficio con creatividad e innovación.


Al trasladar su negocio de helados, traspasó a su hermano el kiosco, dedicándolo este a la venta de lo que hoy podríamos llamar chucherias, frutos secos, tabaco suelto, periódicos y tebeos, actividad que todos recordamos y que formó parte ineludible de la ruta lúdica en la infancia de muchos ibenses. Por ese motivo, en esos años, y debido al aumento del tráfico de vehículos, se colocaron vallas metálicas protectoras con publicidad en dos de sus lados, pues la plaza no era peatonal y tan solo una estrecha acera separaba el kiosco de la calzada.


Así pues, gracias a la visión emprendedora y creativa de José Jover Verdú, tenemos en nuestra emblemática Plaça de la Palla el kiosco, que junto con el plátino centenario y la fuente monumental, forman un conjunto inseparable, y son parte de una imagen representativa de Ibi, utilizada en diversos soportes y formatos para variados fines.


En la última reforma de la plaza se consideró la posibilidad de demoler el kiosco, alegando que resultaba estrecho el espacio en el que se ubicaba, cosa que se logró impedir por la intervención de personas con una visión preservadora de nuestro escaso patrimonio, pues este singular elemento, aunque pequeño y modesto, puede y debe de ser considerado parte de él.


Ilustran este artículo dos fotografías de cuando el kiosco lo era de helados y refrescos.



FUENTES

Vicente Satoca. fotosantiguasdeibi.blogspot.com Archivo Histórico Municipal de Ibi.

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