jueves, 21 de mayo de 2026

EL SASTRE DE BURROS


 

Hay oficios, artesanales la mayoría de ellos, que con el paso de los años han ido desapareciendo, bien por automatización de sus procesos de fabricación, o bien por falta de demanda de sus productos. Esta última causa es la que motivó el fin de este oficio, el de Guarnicionero, al menos en Ibi, y del que nuestro protagonista, Salvador Moltó Bernabeu, fue un auténtico artesano, por muchos recordado.

Vamos a conocer a su persona y su actividad artesanal en palabras de su hijo, Salvador Moltó Pérez, a través de unos testimonios y fotografías depositados en nuestro Archivo Municipal, como reconocimiento y homenaje a su persona y oficio.

Salvador Moltó Bernabeu, nacido el 18 de septiembre de 1924, de oficio Guarnicionero, y conocido en Ibi como “Correa” o “El sastre de burros”, apelativos cariñosos con los cuales le bautizaron sus amigos más íntimos, y que tienen estricta relación con el oficio que desarrolló hace ya más de cincuenta años. Incluso sus amistades tuvieron la ocurrencia de insertar un breve texto en un periódico local de aquel entonces, haciendo alusión a su orgullo por ostentar tal “título académico”.

Las artes en vestir a estos animales, llámense burros, asnos, mulas…, se le contagió a su padre, Antonio Moltó, y a ello se dedicó con esmero, pues en aquel entonces Ibi era eminentemente agrícola, y poco había donde elegir.

Su padre desapareció en guerra, por motivos inexplicables que no vienen a cuento, y entonces

Si algún vecino o amigo se acercaba por allí, , le venía de maravilla para, con esa excusa, hacer una pausa y charlar y bromear un poco, compartiendo un buen trago de vino de su apreciada bota. él, desde muy joven, se quedó solo al frente de este negocio, donde se labró una buena y acreditada fama entre todos los vecinos, pues recordemos que, en aquel entonces, todo el mundo se conocía.

Ignoro, aunque creo que no, si había alguien en Ibi que ejerciese el oficio de Guarnicionero, que es su nombre correcto.

Tenía su taller en la planta baja de la casa donde vivía (primera imagen), situada en la que, antes y durante muchos años, se denominó Calle de Colón, en la actualidad Carrer de les Eres, en el número 42, al lado mismo del Bar Colón.

Hacía todo tipo de aparejos para estos animales de carga: collerones, bozales, faltriqueras, barrigueras, bridas…, incluso les cambiaba las herraduras de sus patas.

Cosía y arreglaba las lonas, tanto las utilizadas para la recogida de las almendras y aceitunas, como las que llevaban los entonces famosos carros.

Como anécdota muy curiosa, citar que, como en aquellos años no existían prácticamente vehículos de motor, mi padre, ayudado por sus dos hijos varones, extendía las lonas en plena calle, que no estaban aún asfaltadas, y allí comenzaba a zurcir y remendar.

También hacía correas artesanales, con distinta anchura y grabados, a gusto del cliente, utilizando para ello los enormes rollos de cuero de los que siempre estaba provisto, de buena calidad, en color marrón o negro, viniéndome a la mente ahora, el profundo olor que despedían, y que no nos resultaba desagradable, por cierto. Con este material cambiaba por igual las asas, ya rotas por el uso, de los capazos utilizados en las labores del campo.

Y ya para terminar, comentar su habilidad en el arreglo de cualquier tipo de calzado, poniéndoles nuevas suelas a los que ya se les veía un incipiente agujero, o bien, cambiándoles los tacones. Estábamos en la posguerra y se notaba la maltrecha economía familiar. Para una gran mayoría, no existía el calzado de temporada, más bien el de un año y, si me apuran, de dos.

Con el paso de los años el campo se industrializó, aparecieron los primeros tractores, los animales de carga empezaron a extinguirse, y nuestro padre no tuvo más remedio que meterse a trabajar en la fábrica de Juguetes y Estuches, muy a su pesar, por cuanto a él le gustaba trabajar a su aire, en plena calle con los amigos, sin horarios estrictos. Si bien se acostumbró, que remedio quedaba si queríamos comer, aún tenía tiempo para dedicarse a su querido oficio de guarnicionero al término de la jornada laboral, haciendo pequeñas chapucillas, lo cual, transcurrido cierto tiempo, ya tuvo que dejarlo definitivamente.


Completaremos esta semblanza del personaje con fragmentos de un artículo que su gran amigo Victor Brotóns le dedicó, y que se publicó en el periódico Ciudad de Alcoy, el 18 de marzo de 1975. En él, encontramos pruebas evidentes de la buena amistad que compartían y del excelente sentido del humor del que ambos disfrutaban, puestos de manifiesto durante años, por su vecindad y afinidad, en especial durante la celebración de las Hogueras de San Pedro (segunda imagen), en las que ambos eran impulsores ilusionados e ilusionantes. Veamos los que de él escribía Victor:

Salvador Moltó, más conocido por el apodo o sobrenombre, en el ámbito local, por Correa. Este amigo, ante la imposibilidad de encontrar una cámara fotográfica capaz de captar su masa encefálica, imposible de calibrar, he optado por el medio más sencillo. He aquí los hechos y dichos de su personalidad.

Me limito a relatar escuetamente la vida pública de un obrero muy querido y apreciado por todos los que le conocen. Correa, ni más ni menos. Su cabeza es tan enorme, que cuando sale a la calle parece que hay eclipse de sol. Y cuando se le ocurre entrar en un local público, no hay más remedio que encender la luces, que normalmente se usan por las noches, porque su voluminosa cabeza impide la filtración de los rayos solares que tanto alumbran

Si usted quiere adquirir una amistad sincera como la de Correa le brinda, solamente tiene que invitarle a una merienda o cena a base de Chulletes de palet, dos kilos de pa blanet y un litro de vi tinto del terreno.



FUENTES

Archivo Municipal de Ibi. Testimonio de Salvador Moltó Pérez.

fotosantiguasdeibi.blogspot.com Familia Correa

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