En el actual Carrer de Paca Guillem, llamada hasta 1922 Calle de San Agustín, justo frente a la esquina en la que la calle hace un quiebro, hay una gran puerta metálica que cierra el paso a lo que fue un callejón. Recuerdo que, en mi infancia, era un gran portón de madera el que cerraba el paso a dicho lugar, aunque en ocasiones estaba abierta esa puerta, lo que aprovechábamos para entrar por aquel estrecho pasaje, movidos por la curiosidad de ver a donde llevaba.
Estaba flanqueado por tapias con puertas, a su izquierda las que cerraban los patios traseros de las casas del Carrer Empedrat y, a su derecha, las que delimitaban los huertos interiores de esta gran manzana urbana. Y al final de dicho callejón, los restos, a ras del suelo, de un antiguo lavadero.
La historia de este, y de una balsa para el riego que lo acompañaba, ya la conocimos en un artículo anterior. Por recordar, diremos que se trataba del Llavadoret de los Huertos y de la Baseta de la Foia. El acceso a ellos lo realizaban los vecinos, desde el Carrer de les Eres, a través de un forat que había en una tapia, por lo que finalmente, en 1607, el Vicario General dio facultad al Consell para abrir un callejón per lo fosar (por el cementerio) para acceder a dicho lavadero y balsa.
Se pretendía, con esta apertura, facilitar dicha entrada, pues este espacio había sido declarado público el 28 de febrero de 1592, por las autoridades municipales: En la baseta de la Foia que puguen llavar los qui voldrán en los llavadors que fará la Vila a utilitat del comú y sense perjudi de la viuda de Melchor Brotons, com dita baseta estiga part en ampli de la Vila, y si a la viuda se li fa perjui, que se li pague. Este acceso acabará siendo denominado, en 1784, como Callizo de la Escuela, por estar situado entre la Casa Abadía y la Casa de la Enseñanza, la escuela de niñas.
El otro acceso a este lugar era por el sur, desde el llamado Callejón de la Foia, que salía desde la Plaça de la Palla, o desde el Callejón de los Huertos, que salía desde el Ravalet, y que daría origen a la Calle de San Agustín. No existía todavía entrada desde el Carrer Empedrat.
Este callejón, del que hablábamos al inicio, a principios del siglo XIX, fue lugar de problemas, pues su estrechez y oscuridad lo hacían propicio para altercados, peleas, hurtos y demás contravenciones del orden público. Es por esto que el Consell, en sesión del 16 de noviembre de 1804, trata sobre las reiteradas quejas de los vecinos dirigidas a las autoridades, por lo que vistas por sus Señorías unánimes resolvieron:
Habiendo tomado los informes sobre los particulares que abrazan los escritos presentados (…), que para precaver todos los inconvenientes que se expresan en los mismos, no se podrían evitar sino cerrando el boquete o entrada por la Calle del Ravalet a la Balsa o Lavadero, privando a los vecinos de lavar sus ropas en este entrando por el Callizo que de poco tiempo a esta parte se ha dejado, y toma principio en la Calle de San Agustín, bien que para evitar toda escrupulosidad se le debe prevenir a Francisco Servent García que al principio de dicho callizo deba colocar a sus costas una Puerta con Cerrojo y Llave, la que deberá cerrar diariamente al toque de las Ave Marías, y abrirla al toque del Alba, lo que deberá cumplir, y en su defecto que tenga el Ayuntamiento facultad para poner un hombre a sus costas para que practique diariamente esta operación, y con esto se evitarán hurtos y escándalos que se advierten muy continuos teniendo la entrada por la Calle del Ravalet; lo que acordaron unánimemente todos los Señores.
No he encontrado el motivo por el que se hace a Francisco Servent responsable del callejón y se le obliga, a sus costas, a poner la puerta y a controlar su apertura y cierre, según lo acordado.
Esta decisión llevaría aparejada la orden de cerrar, también con puerta, el acceso al lavadero desde el Carrer de les Eres, pues no tendría sentido hacerlo solo en uno de los accesos del callejón. Lo que si que sabemos es que en 1844, con objeto de adecentar la Calle de las Eras, el ayuntamiento ordena el cerramiento del boquete o callejón que da entrada a los huertos y balsita denominada de la Foia con una tapia entre la Casa Abadía y la Casa de la Enseñanza. Décadas más tarde se levantará el edificio de propiedad municipal, de usos polivalentes a lo largo de los años, que ocupa ese espacio.
Lo que si que permanece, más de dos siglos después, es el portón, primero de madera y ahora metálico, con el que se cerró el acceso desde la Calle de San Agustín al callejón y lavadero, ya derruido y fuera de uso desde hace décadas.
FUENTES
Archivo Histórico Municipal de Ibi.

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